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El Punto de Transición de mi Vida

Cada uno de nosotros tiene su propia historia, ya sea una llena de arrepentimiento, o de esperanza. La memoria del pasado, impresa en nuestra mente, a menudo nos impulsa a crecer.

En el pasado, mi sueño era tener un lugar en la sociedad, obtener un estatus prominente, y volverme el orgullo de mi familia, ya que pensé que sólo así mi vida no sería en vano. Luego de haberme graduado del colegio, entré en la sociedad y comencé a luchar por mi sueño. No fue sino hasta la muerte de mi padre que me paré en seco.

Un día, recibí una llamada inesperada de mi familia diciéndome que mi padre había enfermado seriamente. Al haber escuchado esto, no pude creerlo. Sin pensarlo hice a un lado mi trabajo y corrí al hospital. Cuando abrí la puerta de la sala, vi a mi padre acurrucado en su cama, gimiendo de dolor, perdiendo su antigua vitalidad. Ante esta visión colapsé por completo.

Vi pasar frente a mí los días de antaño, escena por escena, como si fuese una película: Para permitirnos vivir una mejor vida, mi padre había estado luchando por décadas. Finalmente, pasó de ser un carpintero ordinario quien empezó de la nada a ser un hombre de negocios exitoso, dueño de chalets de lujo y carros. Como es bien sabido, en esta sociedad, es muy difícil tener éxito si uno no proviene de un entorno privilegiado. Sin embargo, mi padre lo consiguió.

Todavía recuerdo aquella vez en la que mi padre llegó de sus eventos sociales. Tuvo que tomar medicina para aliviar su dolor de estómago. Le habíamos recomendado varias veces que acudiera a un doctor, pero él siempre soportaba su dolor y decía “estoy bien”, y después seguía en su ajetreo y bullicio. A pesar de que la condición de nuestra familia mejoró, mi padre había pagado un alto costo por ello.

Ver que mi padre estaba siendo atormentado por la enfermedad, sin embargo siendo incapaz de ayudarlo, me hizo desear con desesperación volver en el tiempo. Habría preferido tener una pobre y pero cálida vida, que vivir una vida extravagante a expensas de la salud de mi padre. Sin embargo, nadie puede volver en el tiempo. La vida es como un juego de ajedrez: Una movida errónea puede costarte la partida.

Para toda nuestra familia, ese período de tiempo fue el más difícil y doloroso para nosotros. Para aliviar el dolor de mi padre y prolongar su vida, tratamos por todas las vías posibles, consultando a muchos especialistas y buscando medicinas a lo largo del país. Sin embargo, todo nuestro esfuerzo fue en vano. Y mi padre, reacio a ceder y con miedo a la muerte, nos dejó para siempre. Mi familia estaba extremadamente afligida y rompió en llanto. Yo lloré con mucha más amargura. No podía evitar suspirar con mi dolor. Cuando mi padre era joven, dedicó su vida a ganar dinero, pero todo el dinero que ganó no pudo alargar su vida ni un día. En ese momento, la fama y el dinero que mi padre pasó ganando toda su vida se veía inútil.

Viendo en retrospectiva el camino que tomé, me di cuenta de que para alcanzar mi sueño—tener un lugar en la compañía, llamar la atención del líder, y ganarme la estima de los demás, había trabajado en exceso todos los días, sin pensar en comer o dormir. Además de esto, también apliqué para la prueba de contador. Todos los días, aparte de trabajar, pasé mucho de mi tiempo estudiando. Al final, conseguí el certificado, pero me desgasté y sufrí de problemas estomacales. A pesar de esto, seguía hacia adelante en el camino de buscar fama y fortuna. Para poder superar a mis colegas, continué buscando un mejor certificado, así me costara mi salud.

Pero la muerte de mi padre prendió mis alarmas, lo que me hizo darme cuenta que el sueño que habíamos perseguido a lo largo de nuestras vidas sólo llevaba a la expansión continua de nuestras ambiciones y deseos. Sólo en nuestro lecho de muerte nos damos cuenta de que no podemos llevar fama ni fortuna con nosotros, y que todas estas cosas carecen de significado. Mi padre era una persona competitiva y consiguió todo lo que quería: Vida material en abundancia y reconocimiento de sus familiares, amigos, y todos los que le rodeaban. Pero todo esto le costó la vida.

No pude evitar sentirme confundido: ¿Para qué pasamos todo nuestro tiempo en un ajetreo constante? ¿Qué hemos ganado a lo largo de estos años? Mi padre dejó este mundo con remordimientos, y ¿Cómo debería vivir mi vida? Estas dudas me siguieron molestando, y yo nunca había encontrado la respuesta. Pero desde el fondo de mi corazón, había una voz que decía claramente: No voy a tomar el camino de mi padre y repetir su historia. Quiero vivir una vida diferente a la de él.

Justo cuando estaba errando, confundido, a mitad de una encrucijada en el camino de mi vida, encontré el evangelio de Dios. Y escuché la palabra de Dios decir: “Uno agota toda una vida de energía luchando contra el destino, gasta todo su tiempo ajetreado intentando alimentar a su familia y yendo y viniendo entre la riqueza y el estatus. Las cosas que las personas valoran son la familia, el dinero y la fama, y consideran que son las cosas más valiosas en la vida. Todas las personas se quejan de sus destinos, pero relegan en sus mentes las cuestiones que son más imperativas de examinar y entender: por qué está vivo el hombre, cómo debería vivir, cuál es el valor y el sentido de la vida. Pasan todas sus vidas, por mucho que duren, corriendo de acá para allá buscando fama y fortuna simplemente, hasta que se les esfuma su juventud y se llenan de canas y arrugas. Viven de esta manera hasta que ven que la fama y la fortuna no pueden detener su avance hacia la senilidad, que el dinero no puede llenar el vacío del corazón; que nadie está exento de las leyes del nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte, que nadie puede escapar de lo que el destino le tiene guardado. Solo cuando se ven obligados a hacer frente a la coyuntura final de la vida comprenden verdaderamente que, aunque uno tenga una fortuna inmensa y muchos bienes, aunque uno sea un privilegiado y de alto rango, nadie puede escapar de la muerte y debe volver a su posición original: un alma solitaria, con nada a su nombre”.

Influenciado por las reglas satánicas de supervivencia, tales como “alzarse sobre los demás y adquirir rangos y estatus mayores que los demás”, “El dinero es lo primero”, y “El dinero no es omnipotente, pero sin él no se puede hacer absolutamente nada”, tratamos el dinero y la fama como nuestros bienes en la vida, pensando que sólo tras poseer estas cosas podremos vivir una vida valiosa. Por lo tanto, invertimos la totalidad de nuestras vidas luchando en contra del destino y esforzándonos por adquirir fama, ganancias, y estatus, simplemente para vivir la vida que queremos y ser envidiados por los demás.

Pensé en como mi padre dedicó su vida a ganar dinero desde que era pequeño. En su vida, había estado esforzándose por dinero, fama, y estatus, y viviendo en un mundo lleno de intriga. Incluso cuando estaba enfermo, no estuvo dispuesto a acudir a un doctor. Sin embargo, el dinero no pudo tratar su enfermedad o salvar su vida, tampoco pudo ahorrarle el sentimiento de temor y desesperanza. Yo mismo, así como mi padre, también transité el camino en búsqueda de fama y fortuna, incluso a expensas de mi salud. Para obtener el certificado, la aprobación de mi líder, y un lugar para pararme en esta sociedad, soporté el dolor de mi enfermedad y seguí luchando sin parar.

No fue sino hasta entonces que me di cuenta de esto: La fama, fortuna, y estatus que hemos estado persiguiendo terminan siendo cadenas que nos atan, las cuales sólo pueden llevarnos a caminar por el abismo de dolor y alejarnos cada vez más de Dios. No importa cuánto dinero tengamos o el estatus que poseamos, estos sólo nos pueden traer goce material temporal, y adoración, pero no nos pueden eximir de la muerte. Al momento de nuestras muertes, todo lo que tenemos es vacío y arrepentimiento, una vida así no vale ni mención ¿Entonces qué camino debería tomar en el futuro?

Ante esta pregunta, seguí leyendo y me encontré con la palabra de Dios, “Si uno desea partir de este mundo sin dolor, si uno quiere ser capaz de afrontar la coyuntura final de la vida sin reticencias ni preocupaciones, la única forma es no dejar remordimientos. Y la única forma de partir sin remordimientos es conocer la soberanía del Creador, Su autoridad, y someterse a ellas. Solo de esta forma puede uno mantenerse lejos de los conflictos humanos, del mal, de la atadura de Satanás; solo de esta forma puede uno vivir una vida como la de Job, guiada y bendecida por el Creador, una vida libre y liberada, con valor y sentido, honesta y franca. Solo de esta forma puede uno someterse, como Job, a las pruebas y la privación del Creador, a las orquestaciones y arreglos del Creador. Solo de esta forma puede uno adorar al Creador toda su vida y ganarse Sus elogios, tal como Job hizo, y oír Su voz, verlo aparecerse. Solo de esta forma puede uno vivir y morir felizmente, como Job, sin dolor, sin preocupación, sin remordimientos. Solo de esta forma puede uno vivir en la luz, como Job, pasar cada una de las coyunturas de la vida en la luz, completar sin problemas su viaje en la luz, completar con éxito su misión —experimentar, aprender y llegar a conocer la soberanía del Creador como un ser creado— y morir en la luz, y permanecer por siempre al lado del Creador como un ser humano creado, elogiado por Él”.

Después de haber leído estas palabras, me sentí aliviado: Dios nos creó y nos ha suministrado continuamente todo lo que necesitamos, así que debemos creer en Él, adorarlo a Él, y buscar conocerlo a Él. Sólo de esta forma podemos obtener la aprobación del Creador y vivir una vida con significado. Pero si ciegamente evadimos el amor de Dios y continuamos en nuestros caminos lejos de Él, usando nuestra vida dada por Él para buscar riquezas y estatus, entonces estamos desperdiciando nuestra vida, y vamos a partir de este mundo repletos de vacío y dolor como mi padre. Este estilo de vida carece de significado.

Entonces pensé en Job. A pesar de que poseía una riqueza incalculable, no se complació de la fama, fortuna y estatus, ni luchó para hacer más dinero, en su lugar buscó ser un hombre justo de “temer a Dios y apartarse del mal”. Por consiguiente, cuando fue postrado ante Dios en Su juicio, no se quejó ante Dios por haber perdido sus propiedades e hijos y haber sufrido dificultades en la vida. En su lugar, siguió exaltando Su santísimo nombre y se enfrentó a los altibajos de su vida con calma. Al final, Job fue testigo de Dios, recibió la aprobación de Dios, consiguió la verdadera felicidad, y vivió una vida significativa.

En ese momento lo entendí: Todo lo mío fue dado por Dios. Así que debería pasar el resto de mi vida siguiendo a Dios, escuchando y practicando Su palabra, obedeciendo Su soberanía y Sus planes, y verdaderamente adorándolo a Él. Yo creo que sólo siendo guiado por Dios puedo vivir la vida más significativa y valiosa.

Más adelante, vivía una vida de iglesia. Mediante la lectura de la palabra de Dios, entendí más y más la verdad. Más que esto, cumplía con mi deber como creatura de Dios, gozando de certidumbre sin precedentes, paz, y goce desde el fondo de mi corazón. Agradezco que con Dios, mi vida yace en esplendor.

(Traducido del original en inglés al español por WebTeachers)

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