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Las Palabras de Dios Me Guiaron Para Tomar La Decisión Correcta

Nací en una familia pobre. Desde que era una niña, mis padres nos dijeron a mi hermano menor y a mí que debíamos estudiar duro, y solo si entrabamos a una buena universidad tendríamos un futuro brillante y buenas condiciones de vida. De manera que para vivir una vida feliz en el futuro, estudié lo mejor que pude y frecuentemente me quedaba despierta estudiando hasta muy noche. Nunca me imaginé que terminaría por no pasar el examen de admisión. Ahora solo podría ir a una escuela normal. Debido a que era requerido por la universidad el trabajar en un internado internacional por un año, vine a Japón como interna en Septiembre del 2016. Desde que mi sueño universitario había sido desechado, mis padres y yo, colocamos todas nuestras esperanzas en mi hermano menor. Para brindarle mejores condiciones de vida, mis padres tuvieron que trabajar fuera de nuestra ciudad natal.

Posteriormente, una noche, cuando llegaba de trabajar, WeChat me notificó que mi madre quería tener una videollamada conmigo. Una vez que estuvimos en línea, mi madre preocupada me dijo: “Es acerca de tu hermano. Él es negligente en sus estudios y sus calificaciones disminuyeron bruscamente. Sospecho que él está utilizando su celular para jugar en secreto”. De hecho, yo presentía que mi hermano pudo haberse enganchado a su celular ya que a menudo chateaba con él en WeChat después del trabajo. Sin embargo, consolé a mi madre: “!No te preocupes! Él debe estar bajo bastante estrés por sus estudios. Está bien que se relaje algunas veces”. Mi madre no escuchó mi consejo y en su lugar le pidió a mi padre de que regresara a casa a acompañar a mi hermano mientras estudiaba. Solo de esta manera ella podría dejar tranquila su mente.

Durante el tiempo que mi padre fue el compañero de estudio de mi hermano, descubrió que mi hermano se había aficionado de una chica al descubrir una carta de amor que mi hermano había escrito para ella. Él le mandó la carta de amor a mi madre. Después de que mi madre la vio, se debilitó y no supo qué hacer, así que me llamó otra vez. Mientras escuchaba la noticia el cuerpo me temblaba y me generaba enfado, y pensaba: Mi hermano es más inteligente de lo que yo soy. Todos confían en que podrá entrar a una buena universidad en el futuro. Él entró a una buena preparatoria, lo que significa que ya tiene un pie dentro en la universidad. Pero ahora se deja llevar y se enamora. Esto sin duda me genera un escalofrío en el corazón. Además, ¿cómo puede encontrar un buen trabajo sin haber entrado a una buena universidad? Sin un buen trabajo, ¿puede acaso tener una vida feliz?

Me sentía ansiosa al respecto cada día. Un poco después, le conté esto a una hermana, y ella me envió dos pasajes de las palabras de Dios: “La suerte del hombre está controlada por las manos de Dios. Tú eres incapaz de controlarte a ti mismo: a pesar de que el hombre siempre anda con prisas y ocupándose para sí mismo, permanece incapaz de controlarse. Si pudieras conocer tu propia perspectiva, si pudieras controlar tu propio sino, ¿seguirías siendo un ser creado?” (“Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso”). “Algunas personas eligen una buena especialidad en la universidad y acaban encontrando un trabajo satisfactorio después de la graduación, dando una primera zancada triunfante en el viaje de su vida. Algunas personas aprenden y perfeccionan muchas habilidades distintas, pero nunca encuentran un trabajo adecuado para ellas o nunca encuentran su posición, y mucho menos tienen una carrera; al principio del viaje de su vida se ven frustradas a cada paso, asediadas por los problemas, con sus perspectivas ensombrecidas y la vida incierta. Algunas personas se aplican diligentemente en sus estudios, pero se pierden por poco todas las oportunidades de recibir una mejor educación, y parecen destinadas a no conseguir nunca el éxito [...] Independientemente de las diferencias de capacidades inteligencia y la fuerza de voluntad, las personas son todas iguales ante el destino, lo que no hace distinción entre grandes y pequeños, altos y bajos, eminentes y humildes. A qué ocupación se dedica uno, qué se hace para vivir y cuánta riqueza se amasa en la vida es algo que no deciden los padres, los talentos, los esfuerzos ni las ambiciones propias: es el Creador quien lo predestina” (“Dios mismo, el único III”).

Yo siempre creí que solamente al entrar a una buena universidad, podríamos obtener un buen trabajo y llevar una vida feliz. Pero las palabras de Dios me enseñaron que la labor que uno desempeña y cuánta riqueza posee uno, no depende de nuestros esfuerzos o ambiciones, sino que han sido predestinados desde hace bastante tiempo por el Creador. En la luz de las palabras de Dios, recordé que en mi pueblo había un estudiante universitario que realizaba trabajos en una granja. Hay muchos casos similares en la vida real. Algunas personas poseen altas calificaciones, pero después de sufrir mucha frustración aún no encuentran un trabajo satisfactorio. Hay otra gente que nunca va a la universidad, pero tiene un negocio exitoso. En efecto, si podemos encontrar un buen trabajo o no, no depende de nuestro trasfondo académico, esfuerzos o ambiciones, ya que todo ha sido decidido y predestinado por la soberanía de Dios. Nuestro destino está en las manos de Dios. No importa lo que hagamos, ninguno de nosotros puede trascender de Su soberanía. Miré hacia atrás, por mi propósito de entrar a una buena universidad pagué un gran precio, pero finalmente fallé. De igual manera, si mi hermano puede ir a una buena universidad y si puede conseguir un buen trabajo, todo está en las manos de Dios. Estará bien siempre y cuando intente todo lo posible. Debería afrontarlo con calma. Después de entender todo esto, me sentí más liberada en mi corazón.

Sin embargo, unos días después, debido a los problemas de mi hermano, mi madre fue a casa también. Más tarde, ella me contó que mi hermano, no solo se había enamorado, sino que también se había vuelto adicto a los videojuegos, y una vez que mi madre lo forzó a no jugar más videojuegos, él se volvió muy irritable… Mientras escuchaba a mi madre derramando su desesperación por haber fallado en vivir acorde a sus expectativas, recordé que recientemente mi hermano no había mostrado interés de chatear conmigo, pero todos los días publicaba varios mensajes sobre sus sentimientos de depresión en la Qzone. Ante tal situación, no tenía idea de qué hacer. Dos días después, mi madre me dijo: mientras platicaba acerca de los problemas de mi hermano, mis padres no pudieron evitar derramar sus lágrimas, inesperadamente, mi hermano vio esto por accidente y terminó por enojarse, preguntando por qué lo habían empujado hasta ese punto. Él mencionó que estaba estudiando lo mejor que podía y que incluso había dedicado menos tiempo a jugar, y que no sabía que más querían. Apresuró a mi madre a que saliera de ahí, que saliera de la casa. Al escuchar esas palabras creí que mi hermano era muy inmaduro. Todo lo que mis padres habían hecho había sido por él. No pude soportarlo más y lo llamé para reprenderlo. Habiendo escuchado lo que le dije, respondió con emoción: “¡Así es! En tu opinión soy un bueno para nada. ¡Soy un mal chico! Dices que debería seguir estudiando desesperadamente hasta que muera. ¿No es así? ¡Nunca vuelvas a verme aunque vengas del extranjero! ¡No eres bienvenida aquí!”.

Después de escuchar lo que dijo, estaba paralizada… No sabía por qué él se había vuelto así. Un momento después, en el perfil de Qzone de mi hermano, miré las palabras “No quiero vivir”. Justo en ese momento mi madre me llamó y me pidió que regañara más estrictamente a mi hermano, pero me negué, porque tenía la sensación de que una vez que lo hiciera, él probablemente haría algo para lastimarse. Y entonces reflexioné: ¿Por qué todos esperamos que mi hermano vaya a la universidad? En realidad no hay ninguna meta, sino que él viva una vida feliz y saludable en el futuro. Sin embargo, incluso si entrara a la universidad, tuviera un gran destino, un buen futuro y fuese rico materialmente, aún así ¿en realidad sería feliz? Las palabras de Dios son las siguientes: “Desde que la humanidad inventó las ciencias sociales, la ciencia y el conocimiento ocuparon su mente. Después, estas pasaron a ser herramientas para gobernar a la humanidad, y ya no hay espacio suficiente para que el hombre adore a Dios ni hay condiciones favorables para Su adoración. La posición de Dios se ha hundido aún más abajo en el corazón del hombre. Sin Dios en su corazón, el mundo interior del hombre es oscuro, desesperanzado y vacío. […] La humanidad no solo requiere una sociedad justa en la que todos estén bien alimentados y que sea igualitaria y libre; lo que necesita la humanidad es la salvación de Dios y Su provisión de vida. Solo cuando el hombre recibe la provisión de vida de Dios y Su salvación puede resolver las necesidades, el anhelo de explorar y el vacío espiritual” (“Dios preside el destino de toda la humanidad”). De las palabras de Dios entendí que: Lo que necesitamos no es conocimiento, estatus social o disfrutar de los bienes materiales, sino la verdad y vida que Dios nos otorga, así como Su salvación. Fuimos creados por Dios, solo Él puede satisfacer nuestro espíritu. Si dejamos a Dios, no importa cuántas cosas materiales disfrutemos, seguiremos sintiéndonos vacíos en nuestro corazón. Recordé una noticia que había visto en internet: El nieto de un millonario, quien había vivido en comodidad extrema pero se sentía vacío en su corazón, participó en arrancones sólo por diversión pero al final lamentablemente falleció. Así mismo hay muchas personas famosas; tienen todo lo que quieren, pero aún no pueden liberarse de su sensación de vacío, y entonces comienzan a usar drogas. De hecho, cuando somos ricos, no nos faltarán cosas materiales y disfrutaremos de ellas, pero nadie puede aliviar el vacío en el corazón. Por tanto, las personas anhelan las emociones, pero como resultado, sus vidas terminan arruinadas. En la vida real, sucesos similares a estos son comunes. De todo esto, podemos afirmar que la riqueza material no puede brindarnos la verdadera felicidad.

Pensando sobre mí: en el pasado, para mi sueño universitario, estudié arduamente y coseché grandes cantidades de conocimiento, pero me sentía inexplicablemente angustiada y vacía de espíritu. ¿Qué fue lo que obtuve después de tantos años de lucha? Nada más que dolor. Ahora, creo en Dios; a través de la lectura diaria de las palabras de Dios y reuniéndome con mis hermanos y hermanas, he ganado conocimiento sobre la soberanía de Dios y el significado de la vida, y me siento llena en mi corazón. Nada de esto puede ser comprado con dinero. Al pensar en esto, finalmente comprendí: Sobresalir de los demás y ganando fama y fortuna no puedo brindarnos felicidad; solamente cuando uno viene ante Dios, recibe Sus palabras y lo adora a Él, puede uno sentir verdadera felicidad en espíritu. Después de entender esto, me decidí a compartirle el evangelio a mi hermano y más tarde a llevarlo ante Dios.

Posteriormente, decidí contarle a mi hermano mis pensamientos. A pesar de que no se encontraba en línea, tomé el coraje de disculparme con él, y decirle que de ahora en adelante nunca lo volvería a forzar a estudiar mucho, y que si llegaba a tener algún problema podía platicar conmigo. Después de que mandé el mensaje, estaba nerviosa, preocupándome de que no me contestara. Para mi sorpresa, recibí su respuesta el día siguiente, en el que decía que todo lo que me había dicho, nada era en serio. Leí estas palabras una y otra vez, y me sentí tan feliz, más allá de cualquier expresión.

Después de esto, mi tía me llamó y me contó que después de que regresara de China ella le pondría mayor atención a mi hermano y sus estudios, para que pudiera ir a una buena universidad y tener un futuro brillante. Al escuchar esto, sonreí y le dije que el historial académico de mi hermano no tenía relevancia en sus perspectivas ni mucho menos para su felicidad; él debe seguir su propio camino, y nosotros debemos permitir que todo tome su curso. Cuando mi tía escuchó esto, quedó sorprendida pero me dijo que aprobaba mi punto de vista. Ahora, mi hermano gradualmente se ha vuelto más feliz y habla conmigo por su propia cuenta. Una vez, en su Qzone, vi un comentario que había colocado: Debemos contarle nuestros problemas a nuestra familia y ser pacientes y tolerantes con los extraños. Al leer estas palabras, se estremeció mi corazón. ¡Gracias a Dios¡ Sin la guía de Sus palabras, yo aún, como mis padres, hubiera forzado a mi hermano a estudiar y él hubiera terminado derrumbándose bajo nuestra presión doble. Me sentí muy agradecida con Dios de haberme permitido dejar todo eso atrás. Sus palabras fueron la guía que me permitieron tomar la decisión correcta.

(Traducido del original en inglés al español por Hector Gutierrez Reyes)

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