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¿Quién puede concedernos un hogar estable y cómodo?

Nací en las laderas de suelo arenoso y clima seco y era muy feliz con la vida allí. Como nuestro hogar era fresco en verano y cálido en invierno y estaba rodeado de árboles grandes que nos daban sombra.

Después, cuando mi familia sobrepasó la casa mi abuelo convocó a una reunión familiar. Decidió que dos de sus cuatro hijos y sus familias vivieran en granjas privadas con parcelas para cultivar ( tierra árida sin siquiera un árbol con sombra). Nadie, incluidos mis padres, tíos y tías querían ir allí. Debido a que estaban preocupados porque era muy difícil construir un hogar allí, sería muy caluroso en verano y muy frío en invierno. Al ver esa reacción en ellos mi abuelo no tuvo más opción que sortearlo con una pajilla. Como resultado mi familia y la de mi tío fuimos los desafortunados elegidos para vivir allí. No tuvimos más alternativa que ir allí y decidimos construir una casa hacia el oeste. Luego de que fijamos el lugar donde iría la casa, planeamos amontonar la arena excavada en la cuneta y darle forma de terraplén. Sin embargo, estábamos todos preocupados de que la tierra arenosa se afloje y el terraplén pueda desarmarse y, en consecuencia, bloqueara la zanja frente a la casa y la calle. Pero si usábamos piedras y cemento para construir una pared y evitar que colapse el terraplén gastaríamos mucho dinero y no valía la pena. Después de mucho pensar decidimos amontonar la tierra excavada en montículos y plantar árboles en ellos. Si llegaba a colapsar en el futuro tomaríamos medidas. Mi padre y mi tío se encargaron de ello. Para que podamos tener sombra y bloquear el viento plantaron abetos y árboles de la vida allí. Mientras tanto también plantaron algunos árboles de la vida lo largo de la cuneta frente a la casa. El tercer año ya estaba construida una casa de dos pisos con cinco habitaciones en cada uno. Los árboles que rodeaban la casa estaban altos. Originalmente solo era tierra árida pero luego se construyó la casa y estaba lleno de plantas verdes llenas de vida. Al ver los cambios producidos en la tierra estaba llena de esperanza. Luego de que la casa fue decorada la familia de mi tío eligió vivir en el ala norte de la casa y nosotros en el ala sur. Más adelante mi tío plantó bambú y otros árboles para romper el viento del lado norte de la casa y plantó varios árboles frutales en el patio delantero. Además mi padre plantó siempre verde, alcanfor de hoja perenne y abetos del lado sur de la casa y árboles frutales en el frente. Bañados por la luz del sol y el agua de lluvia, los árboles crecieron día tras día. Nuestro hogar cambiaba todos los días.

El Segundo año luego de que nos mudamos a la casa los árboles de la vida que rodeaban la casa crecieron muy alto y los otros árboles se llenaron de hojas. En el periodo de lluvias primaverales, las lluvias se extendían hasta la noche. Mi familia temía que la pequeña colina detrás de la casa colapsara y bloqueara la cuneta y la calle. Temprano en la mañana, mis padres siempre se levantaban a toda prisa para verificarlo pero no había ningún signo de que fuera a colapsar. A medida que se hacía más caluroso los árboles desarrollaron su follaje y florecieron. Cuando pasaba por un camino de árboles frutales miraba esas flores coloridas y brillantes y al oler ese perfume dulce me sentía como si estuviera en el paraíso.

Quién puede concedernos un hogar estable y commodo

En el calor del verano, los pájaros cantaban en los árboles; los árboles daban sombra para que los polluelos y cachorros puedan disfrutar de un descanso fresco en el suelo arenoso. En ocasiones, ayudaba a mis padres con las tareas de la granja. En el campo, con el sol quemando mi cabeza y mis pies en el suelo caliente, las gotas de sudor empapaban mi ropa y me sentía tan mareada y exhausta que casi me ahogaba. Sin embargo, cuando volvía a la casa y me sentaba bajo los árboles parecía como si estuviera en otro mundo. Esto se debía a que las hojas gruesas me brindaban sombra del sol caliente, el suelo bajo los árboles estaba húmedo. Al tener los árboles como sombra y respirara el aire fresco, repentinamente los mareos, la fatiga y el sofocamiento desaparecían y ya no sudaba más. En aquel momento, una brisa se agregaba a mi espacio de felicidad y relajación.

En otoño con el clima poniéndose frío, las hojas de a poco comenzaban a caerse y todos los tipos de árboles frutales tenían frutas maduras que estaban listas para cosechar. En el invierno, el viento agudo y huracanado se reducía a una brisa suave a través del bambú y los árboles siempre verde así que no sentíamos tanto frío. Los árboles no solo nos brindaban hermosos paisajes y frutas deliciosas sino que también sombra en verano y era un paravientos en invierno, lo que nos protegía del viento y del calor. Al ver los árboles crecer de acuerdo al clima y a nuestra necesidad no podía evitar suspirar con emoción. Los árboles eran tan hermosos y nos daban tantos beneficios y disfrute. Mientras pasaban los años el pequeño terraplén detrás de la casa nunca colapso. Nosotros pensábamos que un hogar construido en esa tierra árida sería caluroso en verano y frío en invierno, pero inesperadamente los árboles que rodeaban nuestro hogar absorbían el calor del sol en verano y bloqueaban los vientos fríos en invierno, lo que nos daba comodidad y placer.

Una tarde de verano, con el sol alto en el cielo, mi tía segunda se sentó y con un poco de envidia y arrepentimiento le dijo a mi madre: “al principio nosotros éramos reacios a la idea de vivir aquí. Sin embargo, en menos de unos pocos años la tierra árida se volvió un oasis. Es fresco y cómodo dentro de la casa; está lleno de árboles y el aire es muy fresco aquí; el ganado se cría bien aquí. Realmente es mejor que la antigua casa. ¡Bueno! No esperaba que fuera tan bueno”. Luego mi hermana que vivía en la ciudad vino a visitarnos y se quedó varios días. Antes de irse ella me dijo: “estos días pude dormir profundamente cada noche en tu casa. Si no fuera por mi trabajo, me quedaría aquí más tiempo”. Con las palabras de mi tía y de mi hermana, pensé que poder tener un hogar estable y cómodo se debe al arduo esfuerzo de mi padre y mi tío. Después de todo, yo me casé y me fui a vivir a la ciudad. En la poblada ciudad, en todos lados hay calles de concreto y pocos árboles. Cuando llega el verano solo podemos usar el ventilador para refrescarnos pero la corriente de aire que genera es más caliente y no nos sentimos cómodos. No existe ningún lugar más fresco que bajo un árbol. Cuando mi madre me llamó para que fuera en el verano mi corazón saltó de alegría. Cuando volví a casa y me senté bajo los árboles grandes, no podía evitar pensar en la frase “ una generación planta los árboles y la otra disfruta la sombra.” En mi corazón, pensé que este hogar hermosos lo construyeron mi padre y mi tío.

Después, creo en Dios y veo Sus palabras que dicen, “La creación de todas las cosas por parte de Dios y sobre cómo Él estableció leyes y principios para ellas. Bajo tales leyes y principios, todas las cosas viven y mueren y coexisten con el hombre bajo el dominio de Dios y bajo Su mirada. Primero hablamos de que Dios creó todas las cosas y empleó Sus propios métodos para determinar las leyes según las cuales crecen, así como sus trayectorias y patrones de crecimiento. Él también determinó las formas en las que todas las cosas sobreviven en esta tierra, de manera que puedan seguir creciendo y multiplicándose y sobreviviendo en interdependencia. Con tales métodos y leyes, todas las cosas pueden existir y crecer en esta tierra sin esfuerzo y en paz, y solo en ese entorno puede la humanidad tener un hogar estable y una situación de vida estable, siempre avanzando bajo la guía de Dios; siempre hacia adelante” (“Dios mismo, el único VIII”).

Dios dirige las normas que gobiernan el funcionamiento de todas las cosas; Él dirige las normas que gobiernan la supervivencia de todas las cosas; Él controla todas las cosas y las dispone para que se refuercen y dependan entre sí, para que no perezcan ni desaparezcan. Solo así la humanidad puede continuar viviendo; solo así puede vivir bajo la guía de Dios en ese entorno. Dios es quien dirige estas normas de funcionamiento, y nadie puede interferir con ellas, ni cambiarlas. Solo Dios mismo las conoce y solo Él las gestiona. Cuándo germinarán los árboles, cuándo lloverá, cuánta agua y cuántos nutrientes dará la tierra a las plantas, en qué estación caerán las hojas, en qué estación darán fruto los árboles, cuántos nutrientes dará la luz del sol a los árboles, qué exhalarán estos tras nutrirse de la luz del sol, todo esto fue dispuesto por Dios cuando creó todas las cosas, como normas que nadie puede quebrantar. Las cosas que Dios creó, ya sea vivientes o, a los ojos del hombre, no vivientes, están en Su mano, donde Él las controla y reina sobre ellas. Nadie puede cambiar ni quebrantar estas normas” (“Dios mismo, el único VII”).

De la palabra de Dios entiendo que Él creó el cielo, la tierra y todas las cosas y que Él controla todo y determina las reglas de la vida para todo. Todas y cada una de las cosas cumplen su función dentro de las leyes predestinadas por Dios. Por ejemplo, los árboles están profundamente arraigados en la tierra para mantener la humedad del suelo, de otra manera, la tierra estaría seca y se quebraría, y la erosión del suelo y el desprendimiento de rocas solo sucedería los días de lluvia. Asimismo, sin el agua y los nutrientes provenientes de la tierra o la luz solar, los árboles no crecerían ni existirían. De esto, se puede ver que bajo la soberanía y control de Dios, todas las cosas creadas por Él cohabitan juntas y dependen unos de otros, cada una cumple su rol para brindarle al hombre comodidad y un medioambiente estable. Nuestro hogar fue construido sobre el suelo arenoso y a su alrededor nosotros plantamos árboles. Sus raíces de enterraron en la tierra para evitar la erosión del suelo y sus hojas nos protegieron del viento y el calor y nos proporcionaron oxígeno natural mediante la absorción de dióxido de carbono y la liberación de oxígeno. Realmente siento que Dios controla las leyes de crecimiento de todo y le brinda a la humanidad lo que necesita, de otro modo la humanidad no existiría en la tierra menos aún en un medio ambiente tan cómodo. Esto se debe a que Dios ya ha preparado cada situación que necesitamos (plants, luz solar, lluvia, rocío y así sucesivamente). Nos las concede gratuitamente tan así que podemos transformar un terreno árido a un oasis y tener un hogar estable y cómodo. Mediante la creación de Dios de todas las cosas veo que el hombre es incapaz de construir un hogar cómodo, estable y hermoso. Solo Dios tiene tal autoridad para concedernos esas cosas al hombre y en beneficio del hombre. Mientras tanto, sé que solo Dios es la fuente de la vida para todas las cosas y la confianza y fundamento para la existencia de la humanidad. Si no fuese por las leyes establecidas por Dios para todas las cosas, la humanidad sería atacada por el desastre: los árboles morirían, las montañas colapsarían y los ríos desbordarían, los animales y el hombre no podrían existir en la tierra. Ahora finalmente me he dado cuenta que es Dios quien nos concede un hogar cómodo y estable. Es el amor y cuidado de Dios por el hombre. Si Dios no nos brindara silenciosamente lo que necesitáramos, nunca lo conseguiríamos por nuestros propios medios. Decidí seguir y obrar para siempre para Dios y cumplir los deberes correspondientes de un ser creado para devolverle Su amor.

(Traducido del original en inglés al español por Antonela Ayelen Martinez)

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