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Refleciones Cristianas-el sentido de la vida

Recientemente, un amigo me contó una historia real que tuvo un gran impacto en mi alma:

Para vivir una vida mejor, una pareja cruzó el océano hacia Japón para trabajar. Sin embargo, el estilo de vida acelerado y la sobrecarga de trabajo los hizo sentir agotados y miserables, hasta el punto de que muchas veces quisieron renunciar a su trabajo. Pero cuando obtuvieron ganancias mensuales, se olvidaron de la felicidad, ignorando la fatiga física. Pensaban que, mientras ganaran una gran fortuna, podrían construir su casa, llevar a sus familias al extranjero, y luego podrían sentirse orgullosos y eufóricos ante sus parientes y amigos. Entonces, soportaron dolores y continuaron persiguiendo sus sueños.

Un día, el esposo se enfermó repentinamente y luego fue al hospital para hacerse exámenes. El resultado mostró que estaba en las últimas etapas del cáncer. Para salvar la vida de su esposo, la esposa gastó todas sus ganancias en su tratamiento, comprando la mejor medicina para él y garantizandose de que recibiera tratamiento en el mejor hospital, pero finalmente murió. Antes de su muerte, le dijo a su esposa: “Querida, sólo tengo 30 años, pero estoy a punto de dejar este mundo y dejarte. ¡Estoy muy renuente! ¡Tú y nuestros hijos están todos ante mí, pero no puedo llevarte conmigo! No importa cuán buena y grande sea la casa, tampoco puedo tomarla. No importa cuánto dinero gano, ¿puede el dinero devolver mi vida? ¡Todo es en vano! Todo es en vano…”. Sus sinceras palabras tocaron el corazón de su esposa. Cuando vio que su esposo estaba lleno de remordimiento, las lágrimas corrieron por su rostro.

Al escuchar esto, sentí lástima por ese hombre y no pude evitar suspirar: Las vidas de nosotros, los humanos, son tan frágiles. Aunque poseemos más dinero y tenemos una mejor reputación, todavía no puede curarnos de la enfermedad ni salvar nuestras vidas. No podemos traerlos al mundo y no podemos llevarlos con nosotros después de nuestra muerte. ¿No estará todo vacío al final? Entonces, curiosamente, le pregunté a mi amigo qué le había pasado a esta esposa más tarde.

Mi amigo continuó la historia: El gasto en el tratamiento del marido y su muerte hicieron que empeorara la situación de esta familia. Para no ser despreciados por los demás, todos los días esta esposa agotaba su energía para ganar dinero y no podía detenerse como un reloj de cuerdas. Debido a trabajar así año tras año, finalmente se descompuso y tuvo insomnio, hipertensión y enfermedades del corazón, andaba mareada y tambaleante todos los días, como si viajara en una montaña rusa. El cansancio de la vida y el tormento de las enfermedades la hicieron más miserable, quien ya había estado bajo un gran estrés al criar a sus tres hijos. No fue sino que hasta que el médico le dijo que sus vasos sanguíneos se desintegrarían y que su vida estaría en peligro si continuaba trabajando demasiado. así que no tuvo más remedio que dejar de trabajar. En ese momento, ella se desplomó en el suelo, estalló en llanto. Sin embargo, era demasiado tarde. No importó cuánto dinero tenía, no podía devolverle la salud.

Al escuchar la narración de mi amigo, no pude evitar pensar profundamente: Ahora, no carezco de comodidades materiales y tengo mi propia carrera, pero está llena de dificultades y frustraciones mientras recorro el camino. Buscando riqueza y fama, trabajaba mucho hasta dejar la piel, como un resorte con mucha tensión, sacrificando mi salud; además, tenía que lidiar hábilmente con las complicadas relaciones personales, maquinando unos contra otros y engañándose unos contra otros más y más. Ni el aumento de dinero ni el disfrute temporal de obtener fama, no me proporcionaron la verdadera felicidad, sino que estaba agotado física y mentalmente y estaba extremadamente miserable. No podía dejar de reconsiderar: ¿Por qué vivimos tan miserablemente? ¿Cómo debemos vivir exactamente una vida de importancia y valor?

Después, vi estas palabras en un libro: “Uno agota toda una vida de energía luchando contra el destino, gasta todo su tiempo ajetreado intentando alimentar a su familia y yendo y viniendo entre la riqueza y el estatus. Las cosas que las personas valoran son la familia, el dinero y la fama, y consideran que son las cosas más valiosas en la vida. Todas las personas se quejan de sus destinos, pero relegan en sus mentes las cuestiones que son más imperativas de examinar y entender: por qué está vivo el hombre, cómo debería vivir, cuál es el valor y el sentido de la vida. Pasan todas sus vidas, por mucho que duren, corriendo de acá para allá buscando fama y fortuna simplemente, hasta que se les esfuma su juventud y se llenan de canas y arrugas. Viven de esta manera hasta que ven que la fama y la fortuna no pueden detener su avance hacia la senilidad, que el dinero no puede llenar el vacío del corazón; que nadie está exento de las leyes del nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte, que nadie puede escapar de lo que el destino le tiene guardado. […] Sólo cuando las personas están a punto de dejar este mundo se dan cuenta de que las cosas que persiguieron durante sus vidas no son nada sino nubes fugaces, cosas que no pueden mantener, que no pueden llevarse consigo, que no pueden librarlas de la muerte, que no pueden proveer compañía ni consuelo a un alma solitaria en su viaje de regreso; mucho menos, ninguna de estas cosas pueden salvar a una persona y permitirle trascender la muerte. La fama y la fortuna que uno obtiene en el mundo material le dan satisfacción temporal, un placer pasajero, un falso sentido de comodidad; mientras tanto hacen que uno pierda su camino. Así, las personas, cuando dan vueltas en el inmenso mar de la humanidad, anhelando la paz, la comodidad y la tranquilidad del corazón, son absorbidas una y otra vez por las olas. Cuando las personas tienen aún que averiguar las preguntas más cruciales de entender —de dónde vienen, por qué están vivas, adónde van, etc.—, son seducidas por la fama y la fortuna, confundidas y controladas por ellas e irrevocablemente perdidas. El tiempo vuela; los años pasan en un abrir y cerrar de ojos; antes de que uno se dé cuenta, ya ha dicho adiós a los mejores años de su vida” (“Dios mismo, el único III”).

Este pasaje nos dice claramente por qué vivimos tan miserablemente. La raíz es que después de que nuestros pensamientos y puntos de vista son corrompidos por Satanás, nuestra búsqueda se dirige hacia la dirección equivocada. Desde nuestra juventud, hemos sido inculcados con todo tipo de filosofías satánicas e influenciados por todo tipo de expresiones de personas grandes y famosas, tales como “El dinero es lo primero”, “rango superior a otros”, “prestigio familiar”, “sentirse orgulloso y satisfecho” y así sucesivamente. Vivimos según estos puntos de vista ideológicos y hacemos todo lo posible para buscar la fama y la fortuna, pensando que solo teniendo estatus y dinero podremos vivir una vida significativa. Con tal de tener fama y fortuna, pasamos nuestras vidas apresurándonos y luchando con esmero, e incluso pagando el precio de nuestra vida, pero al final no ganamos nada. Justo como esa pareja, para vivir una vida mejor y mantener la cabeza bien alta frente a sus parientes y amigos, se movían de un lado a otro y luchaban por ganar dinero todo el tiempo, pero al final este esposo perdió su vida y esta esposa se enfermó seriamente. De hecho, todos sufrimos dolor en el proceso de buscar fama y fortuna. Aunque las tengamos, nuestro disfrute es temporal, y aún después nos sentimos vacíos. Sin embargo, al ver que las personas que nos rodean viven de esta manera, nunca pensamos si vivir así es correcto o no. Hasta que nuestra juventud haya pasado, hasta que la muerte se acerque, no llegamos a saber que lo que buscamos es vanidad, y que la riqueza y la fama no pueden comprar la salud ni pueden alejar a la muerte. Además, en el momento de la muerte, no podemos llevarnos nada, sino remordimiento y vacío. Nuestras vidas serán desperdiciadas de esta manera.

Vi más palabras en el libro: “En el momento en que una persona nace, un alma solitaria comienza su experiencia vital en la tierra, su experiencia de la autoridad del Creador que este ha organizado para ella. No es necesario decir que, para la persona, el alma, esta es una excelente oportunidad para obtener el conocimiento de la soberanía del Creador, de llegar a conocer Su autoridad y experimentarla personalmente” (“Dios mismo, el único III”). “¿Vivió Job una vida valiosa? ¿En qué radicaba su valor? ¿Por qué se dice que vivió una vida estimable? […] Para Él, el valor de la vida de Job reside en su capacidad de temerle, adorarle, testificar de Sus hechos, y alabarlos, proporcionándole consuelo y algo de lo que disfrutar. Para Dios, el valor de la vida de Job estaba también en cómo, antes de su muerte, experimentó pruebas y triunfó sobre Satanás, dando un testimonio rotundo de Dios delante de este y de las personas del mundo, glorificando a Dios en medio de la humanidad, consolando Su corazón, y permitiendo que el anhelante corazón de Dios contemple un resultado y vea esperanza. Su testimonio creó un precedente de la capacidad de permanecer firme en el testimonio de uno hacia Dios, y de avergonzar a Satanás en Su nombre, en Su obra de gestión de la humanidad. ¿No son estos los valores de vida de Job?” (“La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II”).

Después de leer, entendí mucho más. Nosotros los humanos fuimos originalmente creados por Dios; Dios nos da la oportunidad de venir a este mundo para experimentar la vida, experimentar Su obra y obtener conocimiento de la soberanía y la autoridad del Creador. Así que en nuestras vidas, debemos creer en Dios, adorar a Dios y vivir bajo Su dominio; finalmente podemos alcanzar el verdadero conocimiento de Él y obtener Su aprobación. Esto es lo que debemos buscar en nuestra vida, y esta es la cosa más significativa. Al igual que Job, él pasó su vida buscando conocer la soberanía y la autoridad de Dios, y caminando por el camino de temer a Dios y apartarse del mal. Aunque era el más grande de todos los hombres del oriente, y sus bienes abundaban, sin embargo, no vivió para la fama y la fortuna, ni le importaba ganar o perder sus posesiones mundanas. Incluso cuando perdió todas sus propiedades y todos sus hijos, su cuerpo se cubrió de sarnas malignas y soportó la agonía como ninguna otra persona, no se rindió al caminar en el camino de Dios, ni negó el Nombre de Dios, sino que él todavía alababa el gran Poder de Dios, dando un hermoso y resonante testimonio de Dios ante Satanás. Finalmente, obtuvo el verdadero conocimiento de Dios en medio de sus experiencias. La búsqueda de Job fue aprobada por Dios y también agradó a Dios, y Dios le otorgó doble bendición. Finalmente, Job murió lleno de días y vivió la vida más significativa.

Hoy, puedo tener la buena suerte de venir ante Dios y aceptar la guía y la provisión de las palabras de Dios. Estoy dispuesto a vivir de acuerdo con las palabras de Dios, a buscar, conocer y experimentar la soberanía y autoridad de Dios en el camino de creer en Dios, a cumplir con mi deber como criatura de satisfacer a Dios y entregar todo a las manos de Dios. Ya no me afanaré más en buscar fama y fortuna con mis propias manos. Realmente he experimentado que cuando vivo delante de Dios y cumplo con mi deber como ser creado, mi mente está tranquila. También he entendido que solo la obra de Dios puede salvarme del peligro de Satanás, para que pueda seguir y adorar a Dios como Job. Vivir de esta manera es la cosa más valiosa, así como la mayor felicidad.

(Traducido del original en inglés al español por Angel Leonardo)

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