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Dios me sacó del dolor de la frustración académica

Suqi nació en una familia modesta, junto a otros cuatro hermanos y hermanas. Sólo su padre ganó dinero para mantenerlos a todos. Cuando ella estaba en la escuela primaria, envidiaba a los niños de familias pudientes porque vestían mejores prendas y llevaban ricas meriendas que ella no. Y luego al ver que sus hermanos y hermanas mayores de su pueblo, tras recibirse en la universidad, consiguieron un buen trabajo, se hacían respetables, su envidia iba en aumento. Así, resolvió poner todo su esfuerzo en los estudios para entrar en una universidad prestigiosa, a fin de que pudiera lograr buenas perspectivas y cambiar su actual condición de vida. En consecuencia, se vio estudiando desde el amanecer hasta la madrugada. Desde la primaria y hasta el bachillerato siempre obtenía las mejores calificaciones y fue la primera de la clase, por lo que a menudo conseguía la aprobación de sus maestros y alumnos por igual. Cuando estaba en secundaria, el Estado reclutó a un grupo de estudiantes para matricularlos en una escuela secundaria especializada. Algunos de sus compañeros aplicaron, pero ella no. Nadie intentó persuadirla porque todos daban por sentado que Suqi entraría a una universidad prestigiosa, y una escuela secundaria especializada no estaba a su nivel. Eso mismo pensaba Suqi.

El primer año de bachillerato pasó en un abrir y cerrar de ojos. Suqi logró consolidarse en el primer lugar en la clase de arte. Luego de ser transferida a una nueva escuela, Suqi se determinó a estudiar duro para ingresar en una universidad de élite. Así, como muchos compañeros, Suqi se entregaba con ahínco, yendo y viniendo de la aula, el alojamiento y la cantina. Mas al paso del tiempo, Suqi notó que su calificación empezó a no ser tan bueno como antes. Se revolvía en la cama, sin poder conciliar el sueño, pensando: “si cada grado que trascurre es como este, los resultados de mi examen aprobatorio a la universidad no será optimista; si fallo en el intento, las perspectivas lucen sombrías; necesito hacer más esfuerzos, y no debo fallar”. Desde entonces estudió más duro que nunca, pero las cosas parecieron tornarse en su contra. Sin importar cuán duro estudiara, pasaba por los grados sin mejoras, incluso disminuyendo su promedio. Estaba experimento estrés. Así que pensó: “nunca había tenido problemas con mi rendimiento escolar, ¿pero qué me está pasando ahora?”. Mientras más lo pensaba, peor se sentía. Seguía dando vueltas en la cama, sin poder dormir. Hasta se enfermó por la presión. Y aunque fue al doctor, no vio mejoría con medicina alguna. Así, al final del semestre, tomó el examen de admisión para la universidad.

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Durante su ansiosa espera, el resultado finalmente se publicó. Suqi había llegado a la escuela ese día con un mal pálpito. No obstante, se sorprendió cuando vio su puntuación tres puntos por debajo de la mínima para ingresar. Parada ante la lista, viendo los nombres que precedían al de ella y el orgullo con el que sus victoriosos compañeros lo evidenciaban, experimentó inexplicables y encontrados sentimientos: “¿Sencillamente desecho mi oportunidad de recibir una educación superior? ¿Podría ser este el producto de mis esfuerzos tras diez años de trabajo?”. En ese momento, Suqi se quedó cavilando: “He pagado y sufrido un montón durante estos años; mis padres han invertido todo para darme una educación universitaria… cuán decepcionados van a sentirse cuando vean mi puntuación”. Llegado este punto, Suqi ni se atrevió a pensar más. Empezaba a sentirse débil, y su mente parecía deshacerse, mientras los compañeros que obtuvieron sobresaliente charlaban alegremente y parecían iluminar su derredor con una sonrisa. Viendo sus expresiones de orgullo, Suqi vislumbraba un futuro brillante en sus vidas, y uno muy oscuro en la suya. Súbitamente, no supo cómo abordar su porvenir. Así, con esos pensamientos agoreros, Suqi se sintió sin humor para saludar a sus maestros y compañeros, por lo que dirigió sus pasos a la parada de bus. Al llegar a casa y ver a su madre, su corazón rebosaba de culpa y dolor, inundándose sus ojos de lágrimas. Se quedó callada, sin saber cómo habló con su mamá sobre el fatal resultado. Entonces, renuente de ver a nadie, se encerró en su alcoba, llorosa.

En consecuencia, la sonrisa desapareció de su rostro. Suqi creía que, a causa de su fracaso en la prueba de admisión a la universidad, se habían cerrado las puertas de su futuro. La gente suele decir que “Ser sabio es ser la cumbre de la sociedad”, refiriéndose que sólo el estudio puede granjear buenas oportunidades, la admiración y el respeto de otros. Sin embargo, el esfuerzo que hiciera para prepararse durante diez años no sirvió de nada, lo que la hizo perder el rumbo de su vida, y haciéndole sentir el corazón muerto de ilusiones. En los siguientes años, solía soñar que lograba entrar en la universidad y caminaba feliz a través del campus. Sentía una punzada especialmente cuando oía que alguien había logrado entrar a la Universidad, o había obtenido un excelente empleo tras graduarse. A menudo solía recriminarse que todos sus esfuerzos fueron en vano.

La angustia mantenía a Suqi bloqueada para hallar una respuesta a esa frustración. Luego de muchos años, su amiga le dio un libro, donde leyó este párrafo: “Algunas personas se aplican diligentemente en sus estudios, pero se pierden por poco todas las oportunidades de recibir una mejor educación, y parecen destinadas a no conseguir nunca el éxito y a ver cómo sus primeras aspiraciones en el viaje de la vida se esfuman. Sin saber si el camino por delante es liso o pedregoso, sienten por primera vez lo lleno de variables que está el destino humano, y contemplan la vida con esperanza y temor. … Los deseos de las personas son tan perfectos; pero cuando dan sus primeros pasos en el viaje de su vida, llegan a darse cuenta poco a poco de lo imperfecto que es el destino humano, y por primera vez comprenden realmente la realidad de que, aunque uno pueda hacer planes atrevidos para su futuro, aunque pueda albergar audaces fantasías, nadie tiene la capacidad ni el poder para materializar sus propios sueños, nadie está en posición de controlar su propio futuro”. Tras leer estas palabras, Suqi entendió el porqué estudió tan duro pero al final perdió la oportunidad de recibir una formación superior, y el porqué estaba viviendo en una agonía extrema que no pudo liberarse durante tantos años cuando el que fuera su motivo de vida se disolviera, dejándole nada. Y fue porque no supo entender que el destino de cada cual, su futuro, su trabajo, su matrimonio, y demás está en manos del Creador, y dispuesto por Él. Suqi quiso enfilar su destino lo más perfecto posible. Quiso que el conocimiento lo cambiara, así como su esfuerzo, para alcanzar la vida plena y exitosa que deseaba. Sin embargo, el Señor de la Creación había signado su curso de vida y, sin importar cuánto ella luchara, la autoridad de Dios no se puede eludir. Tras leer esas palabras, entendió que la creencia de confiar en el conocimiento para labrarse un futuro es incorrecta. La vida de cada uno de nosotros está en manos de Dios, y no en nuestro arbitrio. La razón por la que el fracaso por entrar a la universidad causó a Suqi tanto sufrimiento es porque pretendió desafiar la autoridad del Creador.

Así, Suqi leyó otro pasaje: “Durante el proceso en que el hombre aprende el conocimiento, Satanás empleará cualquier método para que las personas satisfagan sus propios deseos y realicen sus propios ideales. ¿Tienes claro el camino exacto por el que Satanás quiere conducirte? Dicho de un modo suave, las personas creen que no hay nada malo en aprender conocimiento, que es el curso natural. Creen que fomentar nobles ideales o tener ambiciones se denomina simplemente tener aspiraciones, y que esta debería ser la senda correcta que las personas sigan en la vida. Si estas pueden realizar sus propios ideales, tener éxito en una profesión en la vida, ¿no es más glorioso vivir de esa forma? No sólo honrar a los antepasados de esa forma, sino también dejar la propia marca en la historia, ¿no es una buena cosa? Esto es algo bueno y adecuado a los ojos de las personas mundanas. ¿Acaso Satanás, con sus motivos siniestros, no lleva sin embargo a las personas a este tipo de camino y después decide que ya está hecho? Ciertamente no. En realidad, independientemente de lo nobles que sean los ideales del hombre, de lo realistas que sean sus deseos o de lo adecuadas que puedan ser, todo lo que el hombre quiere lograr, todo lo que busca está inextricablemente vinculado a dos palabras. Ambas son de vital importancia para la vida de cada persona y son cosas que Satanás pretende infundir en el hombre. ¿Qué dos palabras son? Una es “fama” y la otra es “ganancia”: son fama y ganancia. Satanás usa un tipo de forma muy sutil, muy de acuerdo con las nociones de las personas; no es una clase de forma radical cualquiera. En medio de la inconsciencia, los seres humanos llegan a aceptar la forma de vivir de Satanás, sus normas de vida, y establecen metas y una dirección en la vida, y al actuar así, también llegan sin saberlo a tener ideales en la vida. Independientemente de lo altisonantes que estos ideales parezcan en la vida, sólo son un pretexto inextricablemente vinculado a la fama y la ganancia. … Por tanto, después de que él condujera a las personas al camino de la fama y la ganancia, ¿sigue siendo posible que crean en Dios y lo adoren? (No, no lo es.) ¿Contienen el conocimiento y las reglas del vivir infundidos por Satanás en el hombre algún pensar de adoración a Dios? ¿Mantienen algún pensamiento que pertenezca a la verdad? (No, no lo hacen.) ¿Contienen alguna realidad de temer a Dios y evitar el mal? (No, no la contienen.) Parecéis hablar con una cierta falta de certeza, pero no importa. Buscad la verdad en todas las cosas y obtendréis las respuestas correctas; sólo con las contestaciones adecuadas podéis caminar después por la senda adecuada”. Tras leer estas palabras, Suqi entendió que es obra de Satanás valerse de la fama y el ansia de lucro para controlarla y hacerle creer que sólo a través de esa vía podría conseguir confianza y admiración. Así, con tal de alcanzar reconocimiento y dinero como forma de escapar a la mísera vida en la que creció, Suqi se dejó seducir por el plan de Satanás. “Ser sabio es ser la cumbre de la sociedad”, se recordaba. Estaba convencida de que sólo el estudio podría cambiar su destino; sólo un título universitario le granjearía un buen empleo y la vida que deseaba. Por lo tanto, ella fue conducida por este veneno incontrolablemente y ella consideraba obtener conocimiento y grado como la dirección y el objetivo de su vida, y como el camino para alcanzar la fama y la ganancia. Así estudió, ciega y obstinadamente, durante más de diez años. Fuera bajo el congelante invierno o el abrasador verano, muy temprano en la madrugada o desvelándose hasta altísimas horas de la noche, nunca cejó en su ilusión de conquistar mejores condiciones a través de un título universitario. Puso todo su empeño en hacer de la admisión en una universidad el único camino para cambiar su destino. Por ello Suqi colapsó por completo cuando vio esa posibilidad disolverse. De hecho, mucha gente a su alrededor hizo exactamente lo mismo, y con el ahínco similar. Y cuando vieron venir los resultados adversos, algunos optaron poner fin a sus jóvenes vidas por no poder hacerle frente a la frustración de no alcanzar su sueño. Aunque Suqi no decidió suicidarse, el no entrar a la universidad se convirtió en dolor que se instaló en su corazón. Vivía en agonía, y no sabía qué hacer durante muchos años. ¿No era Suqi también una de las víctimas? ¿Y no es la obra de Satanás la que causa pesar y tormento a la humanidad, por igual? Es su veneno el que hace a la humanidad ir en contra de su propio destino y desperdiciar sus vidas. Es evidente cómo Satanás se vale de estas almibaradas carnadas para llevar a la gente, pasito a pasito, a un infierno de ansiedad.

Súbitamente Suqi vio la luz, esfumándose la depresión y el sufrimiento de todos esos años. Se dio cuenta de que Dios controla su destino. Y que la misericordiosa intención del Creador se ocultaba en aquella falla en el examen de admisión. Gracias a la protección del Altísimo, su frustración por la búsqueda de fama y lucro se atenuaron. En el pasado, Suqi solía admirar a quienes habían logrado ingresar a la universidad, pensando que conquistarían la excelencia y vivirían una vida superior en el futuro. Ahora, Suqi cree en el Dios verdadero, disfrutando el alimento de vida de sus palabras. Ha entendido la verdad y se dio cuenta de que es vacío la búsqueda de fama y fortuna. El verdadero sentido y valor de la vida no está en perseguir fama y dinero, o hacer de una carrera universitaria la clave de su destino, sino viene ante Dios y adorarlo. La vida más significativa es la desempeñar el papel de una criatura del Señor que retribuye su inconmensurable amor, la de vivir bajo el cuidado de Dios y ser apartado de la iniquidad de Satanás. En la actualidad, Suqi vive por la Palabra de Dios, sometiéndose a las orquestaciones y arreglos de Dios, y aceptando Su salvación. Siente genuina gratitud y devoción a Él, y experiencia su salvación en su corazón. Desde entonces, Suqi reconoce que sólo al someterse a la soberanía y predestinación del Creador ella podrá finalmente vivir una feliz vida, sintiéndose plena e iluminada. De otro modo, difícilmente hallará. Porque el curso de la vida está predestinado por Dios. Así, hoy Suqi siente que ella es la más feliz del mundo. ¡Toda la gloria sea para Dios Todopoderoso!

(Traducido del original en inglés al español por Francisco Machalskys)

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