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Dios restaura mi matrimonio, me hace aprender a lidiar tranquilamente

En septiembre de 2016, mi hija comenzó la escuela primaria. Sintiéndome totalmente indefensa, me mudé a Hong Kong desde la ciudad de Shenzhen con mis dos hijos.

No pude evitar recordar: Hace cuatro años, mi hija asistió a una guardería en Hong Kong. Para su comodidad, me mudé a Shenzhen desde la ciudad de Dongguan con mis dos hijos. Mi esposo trabajaba en Dongguan, por lo que no podía vivir con nosotros. Desde entonces, nuestra familia de cuatro miembros comenzó a vivir en dos lugares diferentes. En ese momento, mi hijo tenía solo un año, así que tenía que tenerlo todo el día en mis brazos. Durante el día, preparé varias comidas para mi hija, la recogí y me despedí de ella, lo que me cansó mucho. En particular, cuando mis hijos estaban enfermos, nunca pude dormir toda la noche. Mi esposo administraba una fábrica, razón por la cual estaba tan ocupado que no tenía tiempo de cuidar de nuestros hijos a pesar de que estuvieran enfermos, lo que me entristecía mucho. En ocasiones, le manifesté mis incomodidades por teléfono; sin embargo, antes de decir algo, él dijo que estaba ocupado y que hablaríamos sobre estos temas después de que terminara su trabajo. Pero después de eso, él olvidaba lo que le dije.

Un año después, debido a las largas horas de trabajo, una mañana cuando quería levantarme para hacer el desayuno a mis hijos, de repente, me dolía tanto la cintura que no tenía fuerzas para levantarme. Rápidamente llamé a mi esposo y le dije que viniera a ayudarme. Inesperadamente, estaba en un viaje de negocios y no podía regresar de inmediato. En ese momento, acostada en la cama, estaba enojada y ansiosa, me sentía ofendida y me puse a llorar. Sin poder hacer nada, tuve que pedirle ayuda a mi madre. Pero ella debe cuidar a mi hermano mayor que es paralítico, y si venía a ayudarme, tenía que traer a mi hermano y a mi padre. Mi padre tenía mal genio. No solo cuando hablaba, sino que también maldecía a las personas todos los días, por eso desde que era pequeña tenía miedo de vivir con él. Ahora que tenía una enfermedad grave y mi esposo no podía regresar en ese momento, no tuve más remedio que dejar que vinieran y vivieran con nosotros. A partir de ese momento, sigo cuidadosamente cada expresión de mi padre todos los días. Un pequeño descuido de mi parte, podría hacer que él me regañara, así que a menudo estaba de mal humor. Después de un tiempo, me desquité con mi esposo, lo culpé por vivir separado de nosotros, y por estar siempre ocupado con su trabajo sin tiempo para acompañarnos. Sin embargo, siempre decía: “Quiero trabajar duro y ganar mucho dinero mientras soy joven. Si no es así, ¿qué podemos hacer en el futuro?”. Cada vez que lo escuchaba decir estas palabras, sentía un gran enojo en mi corazón. Entonces, nos apegamos a nuestros propios enfrentamientos y constantes peleas. Nuestros sentimientos como marido y mujer se fueron deteriorando poco a poco.

matrimonio

Habían pasado cuatro años y ahora mi hija iría a la escuela primaria y mi hijo estaba en el K2 (la clase media en una guardería). Luego tuvimos una discusión sobre mudarnos de nuevo. Mi esposo pensó que, si vivíamos en Shenzhen, nuestra hija tendría que levantarse a las 5:30 a.m. todos los días e iba a la escuela en un autobús escolar que atravesaría todo el país. Estaba preocupado de que su cuerpo no pudiera soportarlo, por lo que quería que me mudara a Hong Kong con nuestros hijos. Pero tan pronto como lo pude hacer, pensé en el hecho de que era una completa extraña en Hong Kong y que estaba sola para cuidar a mis dos hijos, asimismo, que no sabría a quién recurrir para pedir ayuda si hubiese alguna emergencia o si mis hijos estuviesen enfermos. Me sentí muy ansiosa y al mismo tiempo, sentí que en la mente de mi esposo solo se encontraban nuestros hijos, y que nunca consideró mis sentimientos. Por este motivo, nosotros habíamos discutido durante varios meses, pero finalmente, tuve que escucharlo y mudarme a Hong Kong.

Cuando llegué por primera vez, enfrentándome a un ambiente extraño y a gente extraña, me sentí más deprimida. Mi hija no se había adaptado al nuevo entorno. Cuando la traía de regreso de la escuela todos los días, sentía su infelicidad. En su casa, a menudo se peleaba con su hermano menor por un juguete, una hoja de papel, una galleta, una palabra, etc. Mientras cocinaba, por un momento, ellos discutían entre sí; por un momento, lloraban; por un momento, se quejaban conmigo. A menudo me enojaba locamente por sus diferentes tipos de peleas. Le mencioné estas cosas a mi esposo, pero él no podía entender mis problemas, ya que mencionaba: “Son muy pequeños, ¿No son bastante normales?” Pensé que nadie podría entenderme, es por ello que yo vivía en el dolor todos los días.

Estaba muy desilusionada e indefensa, cuando conocí a una hermana que creía en Dios. Ella difundió el evangelio de Dios en los últimos días para mí. Cuando, por primera vez, escuché la palabra de Dios leída por ella, quedé fascinada y conmovida. Aunque podría hablar de poco conocimiento, sentí que lo que Dios dice es realmente bueno. Luego tocó un himno de la palabra de Dios “Dios está buscando tu corazón y tu espíritu”: “El Todopoderoso tiene piedad de esta gente que sufre profundamente. Al mismo tiempo, Él está harto de esa gente que no tiene conciencia, porque Él tiene que esperar demasiado tiempo la respuesta de los humanos. Él desea buscar, encontrar tu corazón y tu espíritu. Él quiere darte alimento y agua y despertarte, para que ya no tengas sed, ya no tengas hambre. Cuando estés cansado y comiences a sentir la desolación de este mundo, no te sientas perplejo, no llores. Dios Todopoderoso, el Velador, acogerá tu llegada en cualquier momento”. Al escuchar este mensaje, sentí que mi corazón fue visto por Dios. Dios entendió completamente mi corazón y mi condición. Me di cuenta de la misericordia de Dios y que esperaba que pudiera regresar a Él. Después de que terminó el mensaje, derramé mis lágrimas porque sentí que me entendía y amaba. Con el paso de los años, mi esposo nunca había entendido lo que había hecho; no importaba lo cansada que estuviera, nunca se preocupaba por mí. Pero la palabra de Dios me consoló de esta manera. Sentí el amor de Dios por mí, así que inmediatamente acepté el evangelio de Dios.

Un período más tarde, mi estado de ánimo mejoró gradualmente. Además, descubrí que: cada vez que asistía a las reuniones y rezaba con mis hermanas, mi corazón se podía calmar especialmente; Sin embargo, si no asistía a las reuniones o rezaba durante varios días, mi corazón tranquilo volvería fácilmente a cómo había sido antes. Una vez, mis amigos que vivían en China continental vinieron a visitarme y malgasté mi vida en buscar placer con ellos durante varios días, así que no asistí a reuniones durante una semana. El fin de semana, traje a mis hijos a Dongguan donde vivía mi esposo. Por la noche, solo porque recibió una llamada telefónica de una amiga, sospeché que tenían una relación inapropiada y no dejaba de preguntarle. Después, comencé a discutir con él y me peleé cada vez más fuerte, por lo que pedimos el divorcio. Aunque ambos sabíamos que solo lo dijimos para expresar nuestra ira, luego, permanecimos en silencio.

Al día siguiente, lamentablemente regresé a Hong Kong. En una reunión, le comenté a mi hermana sobre mi sufrimiento. Le conté todo entre mi esposo y yo. Ella me mostró este pasaje de la palabra de Dios: “El matrimonio es un acontecimiento fundamental en la vida de cualquier persona; es el momento en el que uno comienza a asumir realmente diversos tipos de responsabilidades y a cumplir diversos tipos de misiones. Las personas albergan muchas ilusiones sobre el matrimonio antes de experimentarlo por sí mismas, y todas ellas son hermosas. [...] Tanto si el matrimonio en sí trae felicidad como dolor, la misión de cada uno dentro del mismo está predestinada por el Creador y no cambiará; cada uno debe cumplirla. Y el destino individual que se encuentra detrás de cada matrimonio es inmutable; el Creador lo predestinó con mucha antelación. [...] El matrimonio es una importante coyuntura en la vida de una persona. Es el producto de su destino, un vínculo crucial en el mismo; no se fundamenta en la voluntad o las preferencias individuales de cualquier persona, y no está influenciado por ningún factor externo, sino que está determinado totalmente por los destinos de las dos partes, por los arreglos y las predeterminaciones del Creador relativos a los destinos de la pareja”. La palabra de Dios me hizo ver de repente la luz. Vi que, ya sea que el matrimonio traiga felicidad o dolor, ha sido predestinado por Dios y que la misión de todos en el matrimonio no cambiará. En el pasado, yo vivía en el dolor, a menudo culpaba a mi esposo por darme poco cuidado y llevaba estas cosas en mi corazón. En pocas palabras, solo porque no conocía la soberanía y el plan de Dios, estaba descontenta con mis circunstancias actuales. Ahora me di cuenta de que no puedo prever nada, que mis nociones cuentan poco, y que es Dios quien lo arregla todo.

La palabra de Dios también dice: “En su superficie, el propósito del matrimonio es continuar la raza humana, pero en realidad el matrimonio no es otra cosa que un ritual por el que uno pasa en el proceso de cumplir su misión. Los papeles que las personas desempeñan en el matrimonio no son simplemente los de criar a la siguiente generación; son los diversos roles que uno asume y las misiones que uno debe cumplir en el curso de mantener un matrimonio”. La palabra de Dios me hizo entender: aunque tenemos diferentes matrimonios, diferentes parejas y diferentes personalidades, ya que hemos tenido a nuestra familia, debemos cumplir nuestras misiones en la familia. Mi esposo está ocupado haciendo dinero para mantener a nuestra familia y él es responsable de la supervivencia de nuestros hijos y de mí; debo cuidar de nuestros hijos y apoyar en mi familia. Cada uno de nosotros desempeña un papel en nuestro matrimonio. Como somos padres, debemos asumir nuestras propias responsabilidades. No podemos huir de ellos ni quejarnos. Cuando estaba reflexionando sobre la palabra de Dios, todos mis años de resentimientos en mi corazón fueron resueltos.

La hermana también se reunió conmigo: “Frente a estas cosas, debes orar más a Dios y leer más la palabra de Dios”. Después de regresar, oré a Dios todos los días y le conté mis problemas. Varios días después, mi esposo regresó. Pero él no volvió a mencionar el divorcio y cuando estaba cocinando, bañó rápidamente a nuestros hijos y los ayudó con sus estudios. En el pasado, nunca hizo estas cosas de manera activa, sino que se acostumbró a que yo las hiciera. Al ver sus cambios, ya no peleaba con él, y mucho menos mencionaba el divorcio. Por el momento, mi hija también se adaptó a la vida de la nueva escuela. Además, en un examen, obtuvo el quinto lugar en su clase, lo que nos hizo muy felices.

Según mi experiencia, he visto que, cuando estoy dispuesta a obedecer la soberanía y los planes de Dios, y ya no me quejo sobre todo a lo que me enfrento, me siento muy tranquila y liberada en mi corazón. ¡Todo esto es la gracia y las bendiciones de Dios! ¡Gracias a Dios restaura mi matrimonio!

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(Traducido del original en inglés al español por Jenny García Torres

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