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Reflexiones Cristianas | Un Cartero del “Cielo”

Un amigo me contó una historia que va así: Un hombre de negocios dirigía una gran compañía y tenía abundantes bienes. Él ayudaba mucho a todos sus parientes y amigos. Sin embargo, cuando una crisis económica llevó a la quiebra a la compañía, ninguno de sus parientes ni de sus amigos le tendieron una mano para ayudarlo, entonces, él quería suicidarse y acabar con todo. Pero, cuando estaba cerca de la muerte, recordó que alguien le había contado sobre creer en Dios y dijo que Dios podía ayudar a la gente a conseguir lo que deseaban. Entonces, él pensó por qué no pedirle a Dios. En seguida, escribió una carta en donde decía que necesitaba comida, y la puso en el buzón para mandarla a Dios. Un cartero la vio y entonces le llevó comida al hombre de negocios. Entonces, el hombre de negocios le escribió a Dios otra vez que necesitaba ropa, una bicicleta, y así sucesivamente. Y él recibió todas esas cosas. Él se sintió extraño y se preguntó la razón, y entonces le preguntó al cartero. El cartero le dijo al hombre de negocios que él había creído en Dios por muchos años y que había una voz diciéndole esto en su sueño, así que actuó de acuerdo con las instrucciones de su sueño. El hombre de negocios se conmovió. Él sabía que Dios no lo había abandonado, sino que lo ayudó mediante el cartero. Como resultado, el hombre de negocios tuvo la determinación de seguir a Dios y andar por un nuevo camino en su vida.

El hombre de negocios parecía ser desafortunado, pero, de hecho, era muy afortunado. La dura experiencia le hizo ver claramente la crueldad y frialdad de la gente, así mismo, también vio el amor de Dios tan profundo y real, y que Dios estaba a su lado y nunca lejos, Después de sufrir los reveses, tenía un nuevo conocimiento de Dios. Al final, entró al abrazo de Dios paso a paso. La pequeña historia, reflexiva, hace que pensamos tranquilamente. Hoy, en la sociedad real, la gente sólo preocupa con dinero y su propio interés, entre las personas, sin sentimiento. Cuando tenemos dinero y poder, mucha gente nos rodea. Pero, cuando nos encontramos en dificultades, aquella gente que nos adulaba en el pasado, se aleja silenciosamente. Yo creo que muchas personas se han frustrado por la realidad, han visto a través de lo voluble del mundo, y se han desanimado. Pero, una cuestión innegable, es que el amor de Dios por nosotros nunca cambia. Cuando estamos tristes, Él siempre nos consuela, cuando somos negativos, Él nos anima; cuando somos rechazados, Él nos inspira, cuando nos metemos en problemas, Él nos brinda la ayuda más práctica. Cuántas veces, cuando estamos en situaciones desesperadas, es Dios quien nos da la esperanza y el valor que nos mantiene vivos.

Esto me recuerda a un pasaje de la palabra de Dios: “entre todas las personas, asuntos, y cosas que puedas sentir en este mundo, sólo la abnegación de Dios es real y concreta, porque sólo Su amor por ti es incondicional e inmaculado. Aparte de Él, toda la pretendida abnegación de cualquier otro es falsa, superficial, insincera; tiene un propósito, ciertas intenciones, conlleva una compensación, y no puede superar la prueba. Hasta se podría decir que es sucia y despreciable”. Yo me he beneficiado mucho con estas palabras. En efecto, en este mundo, sólo Dios paga todo por nosotros sin pedir nada a cambio ni devoluciones. Él cuida y protege a cada uno de nosotros en silencio, y permanece honestamente a lado nuestro. Su amor por nosotros no tiene nada de impuro y Él no pide nada a cambio. Esto depende de la esencia de Dios. Una esencia tan fiel de Dios no la posee nadie que esté corrompido.

Cuando conozcamos la esencia de Dios por verdadera experiencia, cuando comprendemos el amor y el suministro de Dios a partir de los pequeños asuntos que nos rodean en la vida real, confiaremos y miraremos de verdad a Dios. Cuando realmente nos dependemos en Dios, tal vez, el “cartero del Cielo” estará a nuestro lado.

(Traducido del original en inglés al español por Andrea González Briseño)

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