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Todos los personajes son brillantes

Cuando volví a casa después de trabajar, mi amiga, diaconisa, me contó que había sido depuesta de su ministerio en la iglesia debido a su negligencia. Al ver la deprimente expresión de su cara me agobié y no supe qué decir para consolarla. Con gran pesar en su corazón dijo: “Estoy bien, déjame en paz”. El hecho de ver a mi amiga, alegre y vivaz , volverse repentinamente tan reticente, me causó mucha tristeza no solo por ella, sino también por mí misma.

Poco después, en la misma noche, leí un breve relato en Facebook que me impactó. Esta es la historia: Una niña estaba triste porque le tocó desarrollar un papel pequeño en una actividad del colegio. Pensaba que le caía mal a la profesora o que quizás la profesora no la consideraba lo suficientemente buena para desarrollar el papel principal. Cuando su madre supo lo que le pasaba, le enseñó las piezas que componían el mecanismo de un reloj. Le explicó que incluso el papel más insignificante tenía su valor e importancia. A pesar de que los engranajes y tornillos eran pequeños, cada uno de ellos jugaban un papel decisivo en en funcionamiento del reloj. Sin ellos, ni el más hermoso de los relojes podría funcionar.

Cada uno de nosotros podemos identificarnos con esa niña de la historia, con la esperanza de poder ser protagonista, porque el papel protagonista siempre destaca y brilla con luz propia. No obstante, no solemos ser protagonistas. Casi siempre somos meros papel de apoyos. La razón por la cual mi amiga está tan disgustada y deprimida es que ha perdido su “importancia” como diaconisa. Cree que ya no tiene un papel grandioso en la iglesia; que ahora solo sera una creyente corriente.

De hecho, yo también he mantenido esa opinión. En el mundo, tenía que destacar con fama y fortuna, obteniendo el apoyo y la consideración de todos. Sólo una vida así se podía considerar completa, valiosa y significativa. Por tanto, bajo el control de este punto de vista, siempre asumía el liderazgo de cualquier grupo en el que me involucraba, con la intención de conseguir estima y queriendo ganar fama y estatus como principal objetivo en la vida. Si perdía mi estatus y la estima de la gente, me sentía melancólica, arremetía contra el Cielo y contra el hombre, e incluso me sentía incapaz de encontrar la dirección y la meta de mi vida.

No fue hasta que, hace poco, experimenté algunos reveses y entendí que cada ser humano creado por Dios tiene un cometido diferente, y que cada uno desempeña su papel en el lugar que le corresponde. Este mundo necesita personas de todo tipo. Si todos fuésemos protagonistas, ¿quién desempeñaría los demás roles? Algunos desempeñan papeles protagonistas en la vida. Otros, roles secundarios. En sentido estricto, no existe un papel protagonista o secundario absoluto en el escenario de la vida. Por tanto, ser un personaje secundario no significa inferioridad. De hecho, cada persona es única a los ojos de Dios, con diferentes funciones y propósitos. Como la palabra de Dios dice: “Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes. Y á éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: á cada uno conforme á su facultad; y luego se partió lejos” (Mateo 25:14-15). “Las funciones no son las mismas. Hay un cuerpo. Cada cual cumple con su obligación, cada uno en su lugar y lo hace lo mejor que puede; cada chispa de entusiasmo es un destello de luz, que busca la madurez en la vida; así estaré satisfecho”. Dios nos ha dispuesto a todos en el mundo, otorgándonos diferentes fortalezas y ventaja, y nos demanda que nos consagremos y cumplamos nuestro propósito. Si somos capaces de someternos a la soberanía y a las disposiciones de Dios, sin admirar ciegamente o menospreciar a otros, teniendo un concepto adecuado de nosotros mismos, entonces podremos usar nuestras fortalezas para cumplir nuestras obligaciones en el lugar adecuado y vivir una vida significativa.

Un amigo compartió conmigo parte de un texto que decía: “si Dios nos pide ser hierba, entonces debemos ser hierba y no un gran árbol. Si eres un gran árbol, no intentes ser un edificio. Sabe lo que eres y mantén en tu lugar, sigue la verdad diligentemente y cumple tu deber adecuadamente. Vivir así es lo mejor, sin fatiga. No importa la tarea que desempeñemos o la posición que ostentemos en la iglesia; mientras que seamos capaces de vivir en la verdad para satisfacer a Dios y de adorarle con normalidad, tendremos la vida más feliz que podemos vivir. No te dejes dominar por tus ambiciones o motivaciones. Por el contrario, sométete a la soberanía y disposiciones del Señor” (“Sermones y comunión acerca de la entrada a la vida”). Leyendo este fragmento de nuevo, lo creo así firmemente. Pensando en mí misma, he intentado contínuamente ser protagonista en la vida, queriendo destacar y disfrutar las ventajas de un buen estatus, reacia a desempeñar un rol secundario. Así, he sufrido mucho. Si hubiera tenido un buen conocimiento de la predestinación y la soberanía de Dios, no hubiera experimentado tanto dolor y sufrimiento. A los ojos de Dios, somos Su creación y Él es justo para con todos nosotros. El árbol tiene rol de árbol y la hierba, el rol de hierba. Si se compara con el árbol, la hierba parece más humilde; comparado con el edificio, es el arbol quien parece humilde. Pero a los ojos de Dios, la hierba tiene su cometido, al igual que el árbol tiene el suyo. Ambos tienen su propio valor, y ninguno pierde su propia función debido a su insignificancia. El mundo en el que vivimos debe su riqueza y variedad precisamente a esta diversidad de roles. Si todos tuviéramos un rol protagonista, no es difícil imaginar lo caótico y monótono que llegaría a ser el mundo.

No existen papeles secundarios en la vida, y cada uno desempeña su respectivo rol bajo la predestinación del Creador. En el gran escenario de la vida, sencillamente somos una gran variedad de pequeños roles. Sólo si cada cual se somete a la predestinación y soberanía del Creador, si cada uno desempeñamos nuestro pequeño papel y cumplimos nuestro cometido, viviremos una vida plena, maravillosa y valiosa, y obtenemos liberación y libertad.

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