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He encontrado la dirección de mi vida gracias a la palabra de Dios Todopoderoso

Me llamo Nuobo y soy filipino. Desde pequeño creí en Dios con mi madre. Iba a la iglesia con mis hermanos y hermanas a escuchar los sermones. Aunque había creído en el Señor durante muchos años, me sentía como un incrédulo. Dentro de mi corazón pensaba todo el día en cómo ganar más dinero y llevar una vida mejor. Además, con frecuencia salía a beber con amigos. En cuanto tenía un dinero extra salía a jugar. Aunque sabía que lo que hacía estaba mal y oraba con frecuencia a Dios diciendo que cambiaría estos malos hábitos, básicamente nunca puse eso en práctica. Así me fui degenerando. No oraba a Dios con sinceridad. Cada semana sólo rezaba unas pocas oraciones sencillas de manera superficial. A veces me sentía muy desesperado porque sabía que cuando el Señor regresara juzgaría los actos de todo el mundo. Él decidiría entonces si cada persona iría al cielo o al infierno. Creía que yo era un degenerado y que Dios no me perdonaría. Después me casé y tuve hijos. No pensaba más que en mi esposa y mis hijos. En cuanto a mi fe, la relegué al subconsciente. Para dar un mejor futuro a mis hijos y alcanzar mis deseos de hacerme rico, decidí salir del país para buscar empleo. Por eso vine a Taiwán. Ni siquiera tras encontrar empleo cambié mi modo de vida anterior. En mi tiempo de ocio seguía saliendo a beber y cantar con los compañeros. Llevaba la vida de un incrédulo.

En 2011 trabajaba de soldador en una fábrica en Taiwán. Un día de 2012 una compañera de Taiwán me preguntó si era católico. Contesté que sí. Después me invitó a ir a misa a su iglesia. Entonces un domingo por la mañana al amanecer vino a recogernos a la fábrica y nos llevó a casa de su amigo. Allí conocí al hermano Joseph. Él me preguntó: “Hermano, ¿esperas la segunda venida del Señor Jesús?”. Le dije que sí. Joseph me preguntó de nuevo: “¿Sabes qué obra realizará el Señor Jesús cuando regrese?”. Contesté: “Se sentará sobre un trono blanco, juzgará a la humanidad y dividirá a la gente en grupos distintos. Después, Dios decidirá si cada hombre irá al cielo o al infierno según sus conductas y obras”. El hermano Joseph siguió preguntándome: “Si te dijéramos que el Señor Jesús ya ha venido y que está realizando la obra de juicio, ¿lo creerías?”. Me sorprendí bastante cuando le oí decir esto. Pensé: ¿Ya ha regresado el Señor Jesús? ¿Cómo es posible? ¿No nos juzgaría si ya hubiera regresado? ¡Yo no he visto el juicio ante el gran trono blanco! Sin embargo, no le hice estas preguntas directamente porque yo creía que el juicio de Dios es un misterio y que Su sabiduría es insondable para el hombre. Mis puntos de vista pueden no ser correctos. Creí que sería mejor escuchar primero los puntos de vista de ellos. Por consiguiente, contesté: “Esto es algo que aún no me atrevo a confirmar. Seguid hablando, por favor”. Después el hermano Joseph y los demás me mostraron muchos pasajes de la Biblia que hablaban de la obra de juicio que Él realizaría en cuanto regresara. Los siguientes son dos versículos de esta selección: “El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, ésa lo juzgará en el día final” (Juan 12:48).“Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 Pedro 4:17). Tras ver estas profecías centré mi atención en lo que tenían que decir estos hermanos y hermanas. Creía que lo que habían compartido conmigo era la verdad, pues yo sabía que la Biblia había recopilado la obra de Dios.

Después, el hermano Joseph nos dejó leer dos pasajes más de la palabra de Dios Todopoderoso: “La obra del juicio es la propia obra de Dios, por lo que, naturalmente, debe ser llevada a cabo por Dios mismo; no puede ser hecha por el hombre en Su lugar. Puesto que el juicio es el uso de la verdad para conquistar al hombre, no hay duda de que Dios aún aparecería en la imagen encarnada para realizar esta obra entre los hombres. Es decir, en los últimos días Cristo usará la verdad para enseñar a los hombres alrededor del mundo y hacer que todas las verdades sean conocidas por ellos. Esta es la obra del juicio de Dios”. “En los últimos días, Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Cuando terminé de leer la palabra de Dios Todopoderoso ellos siguieron hablándome. Me ayudaron a comprender que la obra de Dios era muy real y no era sobrenatural. La obra de juicio de Dios en los últimos días no era como la había imaginado: que Dios colocaba una gran mesa en el cielo y se sentaba sobre un gran trono blanco. Todo el mundo estaba de pie ante Dios mientras Él enumeraba nuestros pecados para determinar si éramos buenos o malos. Después decidía si iríamos al cielo o al infierno. Por el contrario, Dios se encarnó de forma realista para manifestar Sus palabras y revelar la perversión y desobediencia del hombre. Él juzga los pecados del hombre y le ayuda a comprender su naturaleza pervertida. Después elimina la naturaleza pecaminosa de nuestro interior y pone fin al sufrimiento de nuestra vida de pecar durante el día y confesarnos por la noche. Nos ayuda a comprenderle verdaderamente para que podamos alcanzar la purificación y la salvación. De este modo, el hombre será apto para entrar en el reino de los cielos. Quienes no acepten la obra de juicio de los últimos días ni cambien su carácter de vida al final serán arrojados al lago de fuego. Al realizar así Su obra de juicio, Dios se adecúa de hecho a las necesidades realistas del hombre. Pensé en mí mismo: aunque he creído muchos años en el Señor y solía orar a Dios y confesar mis pecados, seguía llevando una vida pecaminosa. Jugaba, bebía, mentía y engañaba. Constantemente cometía pecados, los confesaba y luego los volvía a cometer. Mi vida estaba llena de sufrimiento. Al parecer no hay duda de que necesitamos que Dios venga a realizar Su obra de juicio y salvación. La Biblia dice: “Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). El Señor es santo. Si el hombre no se limpia de sus pecados, no es digno de ver el rostro del Señor. Supongo que este es el modo en que lo imaginamos. Dios viene en los últimos días y coloca un trono blanco en las alturas para juzgar al hombre. Él determina directamente el final del hombre. Si esto es así, ¿cómo elimina sus pecados el hombre? ¿No ha sido condenado y castigado el hombre? Parece que existe una gran probabilidad de que Dios Todopoderoso sea el Señor Jesús retornado. Debo buscar y estudiar en serio. No debo perder la oportunidad de recibir al Señor.

Después me dieron el libro “La palabra manifestada en carne”. Estaba muy contento. Tras regresar a casa me puse a leer la palabra de Dios toda la noche. Leí las palabras de Dios Todopoderoso: “Vuestras bocas están llenas de palabras de engaño y suciedad, de traición y arrogancia. Nunca me habéis dirigido palabras de sinceridad, ni palabras santas, ni palabras de sumisión ante Mí después de experimentar Mi palabra. ¿Cómo es vuestra fe al fin y al cabo? No hay otra cosa que deseo y dinero en vuestro corazón y nada más que cosas materiales en vuestra mente. A diario calculáis cómo conseguir algo de Mí. Todos los días contáis cuánta riqueza y cuántas cosas materiales habéis recibido de Mí. Cada día esperáis que desciendan más bendiciones sobre vosotros para poder disfrutar las cosas que se pueden disfrutar en mayor cantidad y de una mayor calidad. Lo que hay en vuestros pensamientos en todo momento no soy Yo, ni la verdad que proviene de Mí, sino vuestros maridos, esposas, hijos, hijas, o las cosas que coméis o vestís. Pensáis en cómo obtener un disfrute mayor y más alto. Aun cuando vuestro estómago esté lleno hasta reventar, ¿acaso no sois más que cadáveres? Aunque os adornéis por fuera con bellas vestiduras, ¿acaso no seguís siendo cadáveres ambulantes sin vida? Trabajáis para llenar el estómago hasta que tenéis los cabellos salpicados de blanco, pero ninguno de vosotros sacrifica ni un solo pelo por Mi obra. Estáis constantemente caminando de un lado a otro, agotando el cuerpo y devanándoos los sesos por el bien de vuestra propia carne, y por vuestros hijos e hijas, pero ninguno de vosotros muestra ninguna preocupación o interés por Mi voluntad. ¿Qué es lo que todavía esperáis obtener de Mí?” (‘Muchos son llamados, pero pocos son escogidos’ en “La Palabra manifestada en carne”). Sentí que la palabra de Dios me atravesaba el corazón como una espada afilada. Estas palabras revelaban con exactitud mi condición de vida. Describían la verdadera circunstancia del fondo de mi corazón. Sabía que sólo Dios puede examinar el corazón del hombre y que sólo Él puede revelar la perversión del hombre. Me pareció que las palabras de Dios Todopoderoso eran sin duda la palabra de Dios. Gracias a la palabra de Dios comprendí que mi propia fe estaba llena de mentiras y codicia. Yo sólo aceptaba el nombre de Dios pero no tenía a Dios en el corazón. Sólo me preocupaban mi familia, mi trabajo y mis expectativas. Cada día sólo pensaba en cómo podía ganar más dinero y ayudar a que mi familia llevara una vida de mayor abundancia. Aunque solía decirle a Dios que le amaría, no hacía lo que decía que iba a hacer. Seguía engañando a Dios. Además, todo el tiempo oraba a Dios y le pedía que me bendijera aún más, pues creía que, eternamente, Él era un Dios de amor lleno de misericordia hacia el hombre y que aunque yo pecara me perdonaría los pecados, tendría misericordia de mí y me bendeciría. Sin embargo, cuando acabé de leer las palabras de Dios Todopoderoso comprendí que nadie puede ofender el carácter justo de Dios. Mi corazón comenzó a venerar a Dios. Las palabras de juicio y castigo de Dios hicieron que sintiera muchos remordimientos por mi pasado. Estaba muy triste y lloré en la cama. Por primera vez lloré amargamente mientras oraba a Dios y me arrepentía: “Dios mío, por favor, perdóname los pecados. Me he opuesto a Ti en todo. Te he engañado. No merezco pedirte que estés conmigo. Debería ser castigado. Dios mío, gracias por darme la oportunidad de arrepentirme y salvarme. De ahora en adelante haré todo lo posible por buscar la verdad. Te amaré con un corazón sincero…”. Tras orar me dije a mí mismo que necesitaba recibir el juicio de Dios para poder cambiar mi vida, que estaba estancada en un ciclo de pecado y confesión. Tenía que leer más la palabra de Dios Todopoderoso y reflexionar a menudo sobre ella para comprender más la verdad y tener la fuerza de abandonar la carne, poner en práctica la verdad y satisfacer la voluntad de Dios.

A partir de entonces me llevaba al trabajo un ejemplar de “La palabra manifestada en carne”. En mi tiempo libre en el trabajo leía la palabra de Dios y reflexionaba sobre ella. Gracias a las palabras de Dios Todopoderoso vi lo pervertidos y rebeldes que eran mis comportamientos y pensamientos. Dice Dios Todopoderoso: “Tu oración debería proceder, paso a paso, de acuerdo al verdadero estado de tu corazón y la obra del Espíritu Santo; llegas a tener comunión con Dios de acuerdo con Su voluntad y con lo que Él exige al hombre. Cuando comiences la práctica de la oración, primero entrégale tu corazón a Dios. No intentes entender la voluntad de Dios; solo trata de decirle a Dios las palabras que están dentro de tu corazón. Cuando te presentes delante de Dios, habla de la siguiente manera: ‘¡Oh, Dios! Hoy me acabo de dar cuenta de que solía desobedecerte. Soy realmente corrupto y despreciable. Solo he malgastado mi vida. A partir de hoy, voy a vivir para Ti, voy a vivir una vida que tenga sentido y voy a satisfacer Tu voluntad. Que Tu Espíritu siempre obre en mí, y que siempre me ilumine y esclarezca. Permíteme dar un testimonio fuerte y rotundo delante de Ti. Permite que Satanás vea Tu gloria, Tu testimonio y la prueba de Tu triunfo manifestada en nosotros’. Cuando ores de esta manera, tu corazón será completamente liberado. Después de haber orado así, tu corazón estará más cerca de Dios” (‘Acerca de la práctica de la oración’ en “La Palabra manifestada en carne”). En la palabra de Dios tenía un camino por el que podía resolver mi carácter pervertido. Empecé a orar a Dios con la actitud más sincera, desde el fondo de mi corazón. Con esta clase de oración sentía con frecuencia que Dios me guiaba. Por dentro tenía fe y fuerza. Ya no vivía como antes ni ponía en práctica los pensamientos e ideas pervertidos que tenía en el corazón. Mi vida había cambiado. Ya no llevaba una vida en la que cometía pecados y luego me arrepentía de ellos. Por el contrario, vivía verdaderamente en la luz de Dios. Ahora intento comportarme según la palabra de Dios. También han cambiado muchos de mis puntos de vista. Vivo de forma mucho más feliz que antes. Las palabras de Dios Todopoderoso me han dado un objetivo de vida adecuado. Ya no me atormento ni intento vivir entre lujos como antes. Ya no intento sobresalir entre los demás. En cambio, busco la verdad para liberarme de mi carácter pervertido y recibir la purificación y la salvación. También intento obedecer las palabras de Dios en todos los asuntos y cumplir con mi deber de ser creado a fin de devolverle a Dios Su amor. Volví a Filipinas en julio de 2014. Estaba muy contento de saber que Dios había elegido a muchos hermanos y hermanas de Filipinas. En la actualidad llevo una vida de iglesia y hablo de la palabra de Dios con mis hermanos y hermanas en la Iglesia de Dios Todopoderoso. Nos ayudamos y respaldamos, y todos trabajamos mucho para buscar la verdad, buscar un cambio de nuestro carácter vital y alcanzar la salvación. También trabajamos mucho para dar testimonio de la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días a la gente en nuestro país, e incluso en otros países. Queremos que sepan que el Señor Jesús ya ha regresado y también queremos que, al igual que nosotros, reciban la salvación de Dios de los últimos días. ¡Gracias a Dios Todopoderoso! Ahora mi vida es muy rica y feliz todos los días. Me he deshecho completamente de esa vida degenerada y decadente. Dios Todopoderoso es quien me ha guiado para encontrar el objetivo y la dirección de mi vida. ¡Creo que así es como se puede vivir con sentido!

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