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¿Trabajar duro para el Señor significa amar al Señor?

La duda que tuve: ¿Trabajar duro para el Señor significa amarlo?

Un día de octubre, cuando el hermano Yang y yo estábamos en camino a la aldea de Yang para difundir el evangelio, pasamos por un campo de arroz y vimos a los aldeanos cosechar arroz bajo el ardiente sol. No pude evitar parar y pensar: “El arroz en casa también debería ser cosechado”. “¿Mi esposa puede hacerlo sola?” En ese momento, el hermano Yang pareció leer mi mente y dijo: “Hermano Wen, el arroz de su familia también está listo para ser cosechado, ¿verdad? ¡Es tan raro ver a personas como tú que son capaces de abandonar a sus familias para difundir el evangelio y dedicarse al Señor durante tantos años!”

Sonreí ligeramente y dije: “Gracias al Señor! Hermano Yang, quiero comentar algo contigo. Últimamente he estado pensando en esta pregunta: Estos años, aunque hemos trabajado duro para el Señor y hemos abandonado a nuestras familias y nuestros trabajos por causa de Él, extendiendo Su evangelio por todas partes y apoyando a esos hermanos y hermanas negativos y débiles, ¿somos realmente considerados como los que aman al Señor? ¿Seremos llevados al reino de los cielos cuando el Señor regrese?”

El hermano Yang dijo con confianza y firmeza: “Y respondiendo Jesús, dijo: De cierto os digo, que no hay ninguno que haya dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó heredades, por causa de mí y del evangelio, […] y en el siglo venidero la vida eterna” (Marcos 10:29-30). El Señor Jesús dijo muy claramente que, si somos capaces de abandonar todo para trabajar arduamente y pagar el precio por el Señor, difundir el evangelio para expandir las iglesias y el pastoreo de los hermanos y hermanas, entonces estamos en línea con Su voluntad. Si hacemos lo que dice el Señor, entonces somos personas que amamos a Dios, y cuando el Señor regrese nos traerá al reino de los cielos, de eso no hay duda”.

Dije: “Hermano Yang, yo solía pensar como tú. Sin embargo, un día leí que el Señor Jesús dijo: ‘Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad’ (Mateo 7: 22-23). Estas personas que predicaron, echaron fuera demonios y realizaron milagros en el nombre del Señor a lo mejor sufrieron mucho y renunciaron a muchas cosas, es razonable pensar que ellos deberían ser los que amaban al Señor, pero ¿Por qué el Señor Jesús todavía los condenaba y los llamaba malvados? Después de leer estas palabras, sentí que pudimos haber interpretado erróneamente lo que dijo el Señor Jesús. No podemos decir ahora que somos los que amamos al Señor. ¿Qué piensas?”

Después de un breve silencio, el hermano Yang dijo: “¡Tienes razón! Esto es algo a lo que nunca había prestado atención sino hasta ahora. Bien, tras tu comentario, me he dado cuenta de que no es un problema pequeño. Preguntémosle al colaborador Jiang sobre esto, ya que lo visitaremos”.

“¡Bien! Escuché que el colega Jiang ha ganado mucha iluminación estudiando en otros lugares. Tal vez el Señor nos guiará y resolverá nuestras dudas cuando nos comuniquemos con él”. Respondí.

La respuesta del hermano Jiang (1): Evaluar a alguien basado en sus acciones externas no es correcto

Cuando llegamos a la casa de nuestro colega Jiang, vimos que la Hermana Wang y el Hermano Sun también estaban allí. Después de saludarnos, le pregunté a Jiang acerca de lo que había conversado anteriormente con el hermano Yang. El hermano Yang también dijo: “Hermano Jiang, lo que daría a conocer frente a este asunto es que, para creer en Dios, he tenido que sufrir la burla y el rechazo de familiares y amigos. Para creer en Dios, he tenido que abandonar mi trabajo como funcionario y mi matrimonio ... ¡Creo que debería ser considerado como una de las personas que ama al Señor!”

Su colega Jiang sonrió y dijo: “Gracias a Dios. En el pasado, siempre pensábamos que abandonar nuestro trabajo, nuestros hijos y nuestros padres para difundir el evangelio del Señor, y sufrir, pagar cualquier precio y hacer mucho trabajo para el Señor es amar al Señor. Pero recientemente he ido a otros lugares a investigar y a estudiar las enseñanzas, y ahora tengo una nueva comprensión de este asunto. ‘Y respondiendo Jesús, dijo: De cierto os digo, que no hay ninguno que haya dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó heredades, por causa de mí y del evangelio, […] y en el siglo venidero la vida eterna’ (Marcos 10:29-30). Esto significa que, si realmente nos dedicamos al Señor para satisfacerlo solamente, sin ponerle condiciones a Él o mezclar otras cosas, entonces lo que hacemos está en línea con Su Voluntad. Si nuestras acciones son impuras, o implican poner condiciones y están involucrados nuestros propios motivos y objetivos personales, y tomamos nuestro trabajo para el Señor como lo principal para entrar al reino de los cielos, o aprovechamos esta oportunidad para exaltarnos y presumir, porque queremos que la gente piense bien de nosotros y que nos adore, entonces no somos los que amamos a Dios, sino que somos como los fariseos que se oponen a Dios.

Leamos la Biblia, dice: ‘Todos los caminos del hombre son limpios en su opinión: Mas Jehová pesa los espíritus’ (Proverbios 16:2). Los fariseos explicaban las Escrituras y enseñaban a los creyentes en las sinagogas, y también llegaron a viajar, trabajar arduamente y sufrir por el Señor. La gente pensaba que ellos eran los que más amaban a Dios y también los que más le agradaban a Dios. Sin embargo, cuando el Señor Jesús vino a hacer Su obra, no solamente no buscaron a Dios con humildad, sino que lo condenaron frenéticamente y le resistieron, e incluso clavaron al Señor Jesús en la cruz. ¡Esto explica que las ideas y los juicios humanos no son confiables! Si los fariseos realmente amaban al Señor, cuando reconocieron que los sermones del Señor Jesús eran muy superiores a los de ellos, debieron haberse deshecho de sus ideas e imaginaciones y haber escuchado al Señor Jesús. Pero, por el contrario, directamente condenaron y rechazaron al Señor Jesús. Esto significa que explicaban las Escrituras por el simple hecho de presumir y ser adorados e imitados por la gente. Su piedad superficial y su arduo trabajo fueron todos usados para engañar a la gente, y querían que la gente los adorara, los siguiera y los obedeciera para que pudieran mantener su estatus y sus trabajos. Tales personas no son las que aman al Señor, sino las que se le oponen. Y así es como el Señor Jesús los condenó: ‘Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque sois semejantes á sepulcros blanqueados, que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad. Así también vosotros de fuera, á la verdad, os mostráis justos á los hombres; mas de dentro, llenos estáis de hipocresía é iniquidad’ (Mateo 23: 27-28).

amar al Señor

Podemos comparar el ejemplo de los fariseos con nosotros mismos. Estamos equipados con mucho conocimiento de la Biblia y sabemos cómo explicar textos y doctrinas a los hermanos y hermanas. Sin embargo, cuando estamos en casa, la mayoría de las veces no sabemos cómo practicar las palabras de Dios, y vivimos en un ciclo de cometer pecados y hacer confesiones. Cuando alcanzamos algunos resultados en nuestro trabajo para el Señor o somos encarcelados y sufrimos debido a nuestra creencia en el Señor, nuestra reputación en la iglesia mejora. Entonces, siempre lucimos nuestra veteranía, y aprovechamos nuestra posición eminente para dar conferencias a las personas. Cuando nos gastamos mucho y abandonamos mucho por causa del Señor, pero al final no recibimos las recompensas y las bendiciones de Dios, y en lugar de eso, los desastres cayeron sobre nuestras familias, entonces nos quejamos mucho e incluso negamos y traicionamos a Dios. Cuando fuimos a apoyar a hermanos y hermanas negativos y débiles varias veces, pero no los mantuvimos en la iglesia, nos volvimos reacios a hacerlo nuevamente, y hasta los menospreciamos. De todas estas cosas podemos ver que tenemos impurezas dentro de nosotros cuando nos gastamos y sufrimos por Dios. Tal vez queremos reputación y estado, o queremos elogios de las personas; tal vez queremos que nuestras familias estén a salvo del desastre y tener la esperanza de obtener recompensas y bendiciones de Dios. Nuestros motivos y puntos de vista son incorrectos, y somos dirigidos por ellos cuando servimos a Dios, por lo tanto, no podemos ser llamados personas que aman a Dios”.

Después de escuchar las palabras de su compañero Jiang, el hermano Yang pensó por un momento y dijo avergonzado: “Tiene razón en todo lo que ha dicho. De hecho, abandoné mi trabajo y renuncié a mi matrimonio para ser traído al reino de los cielos. Si no fuera por las hermosas aspiraciones y promesas, no habría abandonado nada”.

Dije: “Hermano Jiang, después de su análisis de por qué los fariseos trabajaron duro, no me di cuenta de que había tantas cosas que no estaban de acuerdo con la voluntad de Dios en su propia dedicación a Dios. Y como tal, evaluar si una persona realmente ama a Dios no debe basarse en sus acciones externas, sino en la intención detrás de sus acciones y las consecuencias de lo que han hecho. ¡Si no sabemos cómo diferenciar, tomaríamos el camino equivocado y nos convertiríamos en personas que se oponen a Dios!”.

Respuesta (2): ¿Qué tipo de personas realmente se consideran como personas que aman al Señor?

El hermano Yang continuó: “Hermano Jiang, mediante sus palabras he podido ver que estamos siguiendo el mismo camino que los fariseos, ¡lo cual es muy peligroso! Hermano Jiang, ¿qué tipo de personas se consideran realmente como personas que aman al Señor? ¿Qué deberíamos hacer para ser como ellos? Por favor comuníquenos un poco más”.

Su compañero Jiang dijo: “Para responder a esta pregunta, primero debemos ver cuáles son los requisitos del Señor Jesús para quienes aman a Dios. Leamos algunas escrituras, ‘Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; […] El que no me ama, no guarda mis palabras’ (Juan 14:23-24). ‘Y decía Jesús á los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos’ (Juan 8:31). ‘Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante á éste: Amarás á tu prójimo como á ti mismo’ (Mateo 22:37-39). El Señor Jesús nos exigió practicar las palabras de Dios y amar a nuestro Dios con todo nuestro corazón, alma y mente. Solo aquellos que cumplen con los requisitos de Dios son considerados como personas que realmente aman a Dios. Aquí se trata de amar a Dios con todo nuestro corazón, lo que significa que cuando trabajamos para el Señor, no debemos hacerlo de manera superficial, sino con un corazón sincero. Al encontrar dificultades, no debemos retroceder fácilmente ni presentar quejas, sino practicar de acuerdo con las palabras de Dios y obedecer a Dios, al igual que buscar Su voluntad. No importa lo que Dios requiera de nosotros, incluso si entra en conflicto con nuestras concepciones, no debemos poner excusas o establecer condiciones, ni debemos dejarnos seducir por la fama, el estatus o la satisfacción de nuestra carne. Debemos cumplir nuestras responsabilidades en silencio y ser leales a la comisión de Dios hasta la muerte. Por lo tanto, las personas que realmente aman al Señor tienen conocimiento de Dios, son leales y obedientes a Dios, y siempre lo exaltan en sus corazones. No tienen quejas, e incluso si necesitan hacer grandes sacrificios, siguen y aman a Dios. Al igual que Job: temía a Dios y rechazaba el mal; él era totalmente un hombre recto. No importa si Dios dio o quitó, no importa si Dios otorgó bendiciones o envió desastres, él podía adorar y alabar a Dios, e hizo todo de acuerdo con las palabras de Dios, por lo tanto, fue aprobado por Dios. O como Pedro, quien le ofreció toda su vida a Dios. Nunca trató de usar todos los sufrimientos que sufrió y sacrificios que hizo como capital. Tampoco se exaltó a sí mismo ni atestiguó por sí mismo, sino que siempre se sintió arrepentido y molesto porque no siempre podía satisfacer al Señor. Con respecto a la comisión del Señor, Pedro guió a las iglesias estrictamente de acuerdo con Su voluntad y requisitos. Nunca le suplicó al Señor nada por su propio beneficio material, sino solo por un corazón que pudiera amar al Señor. Al final, Pedro fue clavado boca abajo en una cruz, pero se sometió al Señor hasta la muerte sin quejas. Este es alguien que realmente amó al Señor y que fue aprobado y bendecido por Él. Por eso Dios le dio a Pedro la llave del reino de los cielos. Por lo tanto, determinar si una persona realmente ama a Dios no se basa en sus acciones externas de abandonar, dedicarse y trabajar duro, sino más bien si él o ella tiene un corazón sincero, realmente teme a Dios, es leal a Dios cuando enfrenta pruebas, y puede someterse a Dios totalmente cuando la obra de Dios está en conflicto con sus concepciones. Si una persona puede amar y someterse a Dios absolutamente bajo cualquier circunstancia, entonces realmente ama a Dios y está calificada para recibir las promesas de Dios de entrar en el reino de los cielos”.

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Dije: “Hermano Jiang, después de sus palabras me doy cuenta de que cuando trabajamos para el Señor, lo más importante es hacerlo de acuerdo con Sus palabras y con un corazón que ame a Dios. Independientemente de a lo que nos enfrentemos, debemos orar y confiar en el Señor sin motivos personales ni impurezas, verdaderamente ser 'sal y luz'. Entonces, sin duda, podemos considerarnos personas que amamos al Señor. Sin embargo, durante más de diez años solo he estado ocupado con el trabajo, y mi intención era ser estimado y elogiado por la gente. Aunque viajé mucho, hice mucho trabajo y también sufrí mucho, no me enfoqué en practicar las palabras del Señor. Incluso ahora todavía no puedo cumplir con los requisitos de amar al Señor con todo mi corazón, alma y mente, ni puedo amar a otras personas como a mí mismo. Y a menudo también miento y peco. Es verdad, sigo siendo una persona sucia y corrupta. Mi creencia en Dios es como la de los fariseos. ¿Cómo puedo ser considerado como alguien que ama al Señor? No soy nada comparado con Job y Pedro. Debo perseguir el ser alguien que ame a Dios en el futuro. Si no, seré abandonado por Él cuando regrese”.

El hermano Yang de repente se dio cuenta y dijo: “¡Ahora veo! Evaluar si una persona realmente ama a Dios debería depender principalmente de si puede someterse a Dios y seguir Su camino, y dedicarse sinceramente a Él. Si se dedican al Señor por motivos personales y deseos extravagantes, entonces aún no aman a Dios. Solo adorar a Dios en espíritu y en verdad se considera como amar a Dios. Todos estos años, he abandonado mi trabajo y mi matrimonio, me he dedicado y he trabajado arduamente para el Señor, pero hice todo eso para recibir recompensas y entrar en el reino de los cielos. ¡No soy alguien que ame a Dios en absoluto!”

La hermana Wang y el hermano Sun también dijeron que no continuarían buscando como lo hacían antes, sino que buscarían amar al Señor como Job y Pedro. Todos felizmente asintieron con la cabeza.

Recomendación: 

(Traducido del original en inglés al español por Angel Leonardo Pérez Hurtado)   

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