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Entrar en el reino de Dios es promesa del Señor, ¿cómo se lo alcanza?

En una mañana de primavera, el sol se levantaba lentamente desde el este, brillando sobre la tierra. La hierba y las flores al borde de la carretera respirando el aire fresco con optimismo. Las aves gorjeando tampoco podían evitar cantar canciones. Todo parecía animado. Li Yang caminaba alegremente bajo el brillante sol, en camino hacia donde Ye Ling.

Después de llegar allí, Li Yang le preguntó a Ye Ling con preocupación: “¿Qué has estado haciendo?” Al oír esto, Ye Ling orgullosamente contestó: “Además de hacer mis tareas domésticas, propago el evangelio cada vez que tengo tiempo. Ayer la hermana Huang y yo compartimos el evangelio con mi tía que vive en el pueblo cercano. A pesar de que la caminata de 8 kilómetros me agotó, valió la pena porque ella estaba dispuesta a creer en el Señor”. “Tan alegre que eres”. “Por supuesto, nuestro Pastor dice que, si queremos ser conducidos al reino de los Cielos, debemos sufrir más y pagar un precio mayor, predicar el evangelio más y dar más frutos, y trabajar duro. De esa manera, seremos llevados de vuelta al hogar celestial cuando el Señor venga”.

Después de escuchar sus palabras, Li Yang dijo sonriendo: “Yo tenía la misma opinión que tú en el pasado, pensando que mientras yo trabajara duro y predicara más el evangelio, sacrificado y gastado por el Señor, y dedicara mi juventud, el Señor seguramente me elevaría a Su reino cuando Él regrese. Por varios años he contactado a algunos predicadores para una comprensión comparativamente mejor de la verdad. Después de escuchar sus comunicaciones, tuve un nuevo entendimiento y me di cuenta de que estamos lejos de entrar en el reino de los Cielos con esta forma de alcanzarlo”. En este momento, Ye Ling miró a Li Yang con sorpresa y le dijo: “¿Oh? ¿Está lejos? Pero el apóstol Pablo dijo: ‘He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, […]’ (2 Timoteo 4:7-8). ¿No es suficiente para que entremos en el reino de los Cielos, si hemos corrido, trabajado y gastado por el Señor bajo el viento y la lluvia? ¿Qué piensa usted de esta pregunta?”.

Li Yang respondió: “Ye Ling, nuestra fe en Dios debe basarse en las palabras de Jesucristo. No importa quién lo diga, todos debemos determinar si se ajusta a las palabras del Señor. Si lo hace, debemos escuchar; si no, es completamente el producto de las ideas del hombre y su imaginación. Ye Ling asintió con la cabeza y escuchó pensativamente con el entrecejo fruncido. Li Yang continuó, “Jesucristo dijo: ‘No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé: “Jamás os conocí; apartaos de mi, los que practicáis la iniquidad”’ (Mateo 7:21-23). De las palabras del Señor podemos ver: Muchos trabajadores asiduos, que oraron todos los días en el nombre del Señor, que expulsaron demonios e hicieron muchos milagros en Su nombre, que difundieron el evangelio, predicaron de un lugar a otro, y a menudo apoyaron a los hermanos y hermanas débiles, no sólo no eran conocidos por el Señor, sino que además fueron llamados hacedores del mal. ¿Por qué pasó eso? La intención del Señor se encuentra oculta y por eso debemos buscarla. Si no entendemos esta pregunta y seguimos la búsqueda de acuerdo con nuestras concepciones e imaginación, eventualmente seremos abandonados por el Señor. ¡Qué terribles son las consecuencias!

Pensando en las palabras de Li Yang, Ye Ling se sintió un poco confundida: “Todos ellos fueron los que trabajaron duro, soportaron sufrimientos y se esforzaron. ¿Por qué no sólo no estaban en el cielo, sino que el Señor decía que eran malvados? ¿Qué es exactamente la intención del Señor?

Li Yang dijo pacientemente: “En realidad, la razón por la que no podían entrar en el reino de los Cielos, no es que no pudieran soportar los sufrimientos ni pagar el costo, sino que no siguieron la voluntad de Dios. Por ejemplo, los bien conocidos fariseos sirvieron a Dios año tras año, y viajaron por tierra y mar. Y también tenían muchas buenas obras y hablaban francamente sobre la apariencia. Sin embargo, no ganaron la alabanza del Señor, sino en su lugar ganaron Sus maldiciones. Así como Jesucristo dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros’ (Mateo 23:15), y ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y éstas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquéllas’ (Mateo 23:23). De esto, podemos ver: Aunque los fariseos se esforzaron superficialmente y trabajaron duro, simplemente estaba haciéndolo como una apariencia falsa hacia la gente. En realidad, no observaron los mandamientos de Dios ni practicaron Su palabra. A pesar de que predicaron el Evangelio, ¿Cuál fue el efecto final? Los creyentes fueron conducidos al camino de resistir a Dios. Cuando Jesús vino a hacer una nueva obra, aunque los fariseos habían reconocido claramente que la palabra del Señor es la verdad, para proteger su propia fama, estatus e intereses, ellos todavía seguían obstinadamente aferrados a sus ideas y no aceptaban la verdad expresada por el Señor ni permitieron que los creyentes buscaran o aceptaran Su obra. Incluso llevaron a los creyentes a seguir el régimen Romano y clavaron a Jesucristo en la Cruz. Esto expuso totalmente su verdad-odio y naturaleza hipócrita. Aunque podían tener sufrimiento mientras difundían el evangelio, trabajaban duro y sacrificaban, ellos no eran los que amaban la verdad y seguían la voluntad de Dios.

Del mismo modo, hoy, aunque también podemos sacrificarnos, esforzarnos, sufrir, predicar y trabajar duro, ¿Significa que somos las personas que siguen la voluntad de Dios? La mayoría de nuestros pensamientos y acciones no están de acuerdo con la palabra del Señor. Cuando algo sucede en nuestra vida real, rara vez nos comportamos de acuerdo con la palabra del Señor, si no que a menudo lo manejamos confiando en las preferencias de la carne, a menudo durante este proceso consideramos y planificamos para nuestros intereses. Especialmente al encontrarse con algo que no es satisfactorio o no está de acuerdo con nuestras ideas, raras veces meditamos sobre el tipo de verdades que necesitamos entender o entrar, o cómo traicionarnos para practicar la palabra del Señor y que podamos obedecer y satisfacer al Señor, y convertirnos en una persona genuina que se apega a la voluntad de Dios. No practicamos la verdad lo más imperativo para entender y entrar, pero a menudo malinterpretamos y nos quejamos del Señor. Aún más, ahora se nos han marchitado nuestros espíritus y hemos fallado en sentir la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, todavía no buscamos una iglesia que tenga la obra del Espíritu Santo o ni preguntamos a aquellos que persiguen la verdad, cuál es la causa de esta situación, sino que simplemente trabajan ciegamente. ¿No va esto completamente en contra de la palabra del Señor? ‘Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados’ (Mateo 5:6)? Por lo que, sólo trabajando duro exteriormente no significa que nosotros seamos los que hacemos la voluntad del Padre celestial o que podamos entrar en el reino de los Cielos”.

Oyendo esto, Ye Ling se sintió conmovida y se sumergió en la contemplación con la cabeza inclinada: Exactamente. Los fariseos trabajaron duro, sufrieron penurias y se entregaron a sí mismos en ese momento. Pero cuando supieron claramente que la palabra de Jesucristo tiene la verdad y la autoridad, no sólo no la aceptaron, sino que también se resistieron obstinadamente y la condenaron. De ninguna manera eran ellos los que estaban siguiendo el camino de Dios. Ahora nosotros los creyentes somos incapaces de poner la palabra del Señor en práctica en nuestras vidas; nuestros espíritus están en tinieblas y se sienten sedientos, pero todavía no encontramos las iglesias que posean la obra del Espíritu Santo. ¿Cómo es posible que una humanidad como nosotros sea la que haga la voluntad del Padre celestial? Entonces Ye Ling dijo con emoción: “Mm, tus palabras tienen sentido y están en consonancia con nuestras situaciones verdaderas. Entonces, ¿Qué debemos hacer para seguir la voluntad del Padre celestial y entrar en el reino de Dios?”.

Li Yang constestó, “Jesucristo dijo: ‘No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos’ (Mateo 7:21). Y ‘... Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento’ (Mateo 22:37-38). Jesucristo ya nos dijo las condiciones bajo las cuales entramos en el reino de los Cielos: Debemos amar al Señor con nuestro corazón y alma y poner sus palabras en práctica; debemos tener un lugar sólo para el Señor y de acuerdo con sus necesidades sin tomar en cuenta nuestra propia elección en todo. Abraham es un buen ejemplo. Cuando él devolvió a Isaac a Dios, él no eligió para sí mismo y escuchó y obedeció el requerimiento de Dios, así que vio las obras de Dios y obtuvo Sus bendiciones: Sus descendientes serían numerosos como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar. Así que Job, que temía a Dios y rechazó el mal. Cuando encontró pruebas y refinamientos — todo el ganado y ovejas perdidas en la montaña, sus hijos y sus hijas murieron, y su cuerpo estaba enfermo, todavía exaltaba el nombre de Dios, no quejándose de Él. Por esta razón, Dios dijo que Job era un hombre perfecto y recto. Y Pedro escogió amar a Dios al más alto nivel y obedecer a Dios hasta la muerte. Él tenía en mente cada palabra que Jesucristo le decía y se comparaba con estas palabras para que todos sus pensamientos, ideas y acciones pudieran estar de acuerdo con Su voluntad. Al final, fue crucificado boca abajo por Dios, pero aún sentía que no era suficiente su amor por Dios. Debido a su persecución, Jesucristo apreció su creencia y le dio la llave del Reino Celestial. De los antiguos Santos, podemos ver que para obtener la aprobación de Dios, uno necesita incondicionalmente escuchar la palabra de Dios, someterse y adorar a Dios, y tratar de amar a Dios y vivir a semejanza del hombre real que Dios requiere, en lugar de sólo tener alguna buena acción superficial, aguantando dolores o pagando algún precio. Este tipo de fe es la única manera de obtener la alabanza de Dios”. Ye Ling sintió que lo que Li Yang dijo, era consistente con la verdad, así que ella asintió con la cabeza mientras escuchaba.

Li Yang continuó. “Jesucristo nunca dijo que podíamos entrar en el Reino Celestial sólo teniendo buenos comportamientos hacia afuera. Si queremos entrar, debemos seguir la palabra del Señor, en lugar de nuestras concepciones e imaginación. Como dice el refrán, ‘Si no haces lo que tu jefe quiere, es inútil incluso si trabajas hasta la muerte’. ¡A menos que nuestra fe en el Señor se base en Su palabra, es sólo un sueño y nuestra ilusión de entrar en el reino de los Cielos!”

Ye Ling dijo pensativa: “Tus palabras tienen toda la razón. Son iluminadas por Dios, y también se ajustan a la verdad y a las palabras del Señor. En nuestra creencia en el Señor, debemos basarnos en Sus requerimientos, y tratar de amar y satisfacer a Dios con nuestro corazón y alma, que es la voluntad de Dios. Sin embargo, no actúo según Su palabra, sino que quiero tener buenas obras superficiales y ganar más gente predicando el evangelio a cambio de las bendiciones del reino de los Cielos. ¡No son esas mis concepciones e ilusiones! Me he desviado del camino del Señor, pero no lo sé. Si continúo así, me temo que lo que dijo el Señor, ‘Jamás os conocí; apartaos de mi, los que practicais la iniquidad’ (Mateo 7:23). Se cumplirá sobre mí. Es terrible. ¡Gracias al Señor! ¡Li Yang, he entendido y encontrado el camino al reino de los Cielos a través de su compañerismo!”

Li Yang miró a Ye Ling, y luego ambas asintieron con la cabeza, felizmente.

Los pájaros afuera de la ventana todavía estaban cantando sobre la rama. Las flores se veían más brillantes y más hermosas al sol.

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(Traducido del original en inglés al español por Xinia Arias Quirós)

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