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Reflexión del evangelio de hoy: ¿Por qué Dios no responde mis oraciones?

¡Hola, hermanos y hermanas! Recientemente, a menudo me he enojado por algunas cosas sin razón en casa. Cuando descubrí que mi esposo y mi hijo cometían muchos errores, recé al Señor y le pedí que mantuviera mi corazón en silencio y cambiara sus errores. Pero, ¿por qué no recibo respuesta del Señor?

–Hanxiao

Hermana Hanxiao, no enfades. Sobre esta cuestión, la razón principal es que no entendemos los principios de la oración. Es un hecho, muchas veces cuando rezamos al Señor, simplemente decimos los que deseamos pedirle. Pensamos que rezamos, pero no sabemos si dicha oración es agradable al Señor. Al igual que la forma en que contactamos a los demás: si queremos hablar con alguien, primero tenemos que tener algún conocimiento de él antes de saber cómo comunicarnos con normalidad con él. De lo contrario, una charla inútil o introvertida es muy probable que sea contraproducente. En realidad, hay tres aspectos principales en una verdadera oración. Mientras hagamos más esfuerzo en estos aspectos y recemos según estos aspectos, seguramente recibiremos la respuesta del Señor.

Primero, al orar, debemos buscar la voluntad de Dios en las palabras de Dios.

Colosenses 3:16 dice: “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones”. Lo más importante para los que seguimos al Señor es centrar nuestros esfuerzos en las palabras de Dios, y leerlas con nuestros corazones. Cuando conocemos los requisitos de Dios sobre nosotros y la voluntad de Dios en todos los asuntos, debemos practicar y orar de acuerdo con Sus propósitos. Solo de esta manera nuestra oración puede ser escuchada por el Señor. Si hacemos una oración inútil, sin sentido o una oración informal, el Señor no la escuchará. Así como hablamos con una persona a la que se tiene en gran estima, debemos entender sus pensamientos antes de comunicarnos con él, pero no hablar con él solo de acuerdo con nuestros propios pensamientos. Entonces, si tememos a Dios, nuestra oración debería basarse en la comprensión de las palabras de Dios. Es decir, debemos buscar la voluntad de Dios y lo que Él realmente quiere lograr en nosotros a partir de la situación y las dificultades que encontramos. Cuando comprendamos Sus intenciones en Sus palabras y luego le oremos, Él escuchará nuestra oración. Tal como dice la Biblia: “Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

Segundo, cuando oramos, necesitamos usar nuestro corazón e integridad para adorar a Dios.

Juan 4: 23-24: “Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad”. También esto es muy importante. Si queremos que nuestras oraciones sean aprobadas por el Señor, debemos tener un corazón sincero y mantener nuestros corazones de antemano en calma. Luego oramos de acuerdo con la verdadera voluntad de Dios, para que podamos obtener fácilmente la respuesta del Señor. Esta es una forma de adorar a Dios en espíritu y en verdad. Cuando oramos, debemos buscar cómo hablar razonablemente, no decir palabras vacías, ni grandiosas palabras, o exigirle a Dios cosas como si Él tuviera deudas con nosotros. Este tipo de oraciones no pueden recibir la respuesta de Dios. Si nuestras oraciones se basan en palabras para agradar al Señor es que no conocemos Su voluntad, debemos hablar con Dios desde nuestro corazón, sin ocultar nuestros pensamientos; deberíamos tener un corazón obediente y de búsqueda, pero no deberíamos pedirle a Dios que cambie nuestra vida cotidiana. De esta manera, nuestra oración puede obtener la respuesta del Señor fácilmente. Él nos iluminará y nos guiará porque ve que nuestro corazón es sincero.

Tercero, debemos tener fe en el Señor porque hay un tiempo para Su iluminación.

En realidad, la respuesta de Dios a nuestras oraciones generalmente no se basa en nuestro pensamiento. La sabiduría de Dios no puede ser sondeada por nosotros. A veces, después de orar al Señor, Él nos guiará para que conozcamos inmediatamente Su voluntad y nuestras dificultades serán resueltas. Pero a veces, cuando nos encontramos con algo que no podemos entender completamente y no sabemos qué hacer, después de rezar la respuesta del Señor la recibiremos en uno o varios días. Por lo tanto, hasta que recibamos Su respuesta, no debemos desanimarnos y debemos seguir orando al Señor para buscar Su voluntad.

Hermana Hanxiao, permítame compartir mi experiencia reciente con usted. También perdí los estribos sin razón en mi casa y me enfoqué en los fallos de mi esposo. Pensé que estaba ocupado con mi trabajo todo el día, y mi esposo no se preocupaba por mí y tampoco me ayudaba en las tareas domésticas, así que estaba muy enfadada. Más tarde, oré al Señor, “¡Oh Señor! No sé lo que me estás enseñando en este entorno, y qué verdades debo vivir. Estoy enfadada, y lo que veo son todos los errores de mi marido. ¿Qué debo hacer? Señor, por favor ilumíname. Estoy dispuesta a proceder de acuerdo con Tus deseos”. Después de mi oración, pensé en las palabras del Señor Jesús: “¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?” (Mateo 7: 3). “Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros” (Mateo 6:14). La inspiración de las palabras del Señor me hizo darme cuenta: a Dios no le gusta que me concentre en las faltas de mi esposo, sino que me pide que aprenda a conocer mi falta y me abstenga y perdone a los demás. Pero fijé mi mirada en mi esposo, pensando que él actuaba mal a cuidarme muy poco. Por lo tanto, he vivido engañando por Satanás. En realidad, mi esposo también está cansado debido a que trabaja horas extras. Sólo quiero que se preocupe por mí en lugar de pensar en cómo cuidarlo. Este pensamiento es proviene de la naturaleza egoísta de Satanás. Después de saber esto, hice una oración de sumisión a Dios, “¡Oh Señor! Ahora entiendo que no fue culpa de mi esposo sino de mi culpa, y que no fui razonable al pedirle y demandarle demasiadas cosas a él. Estoy dispuesta a actuar de acuerdo con Tu voluntad, tolerarlo y no encontrarle defectos. Puedes darme fe y fuerza para practicar la verdad”. Sorprendentemente, después de orar así, tuve confianza para tolerar a mi esposo y el enojo, queja y el descontento desaparecieron. Finalmente sé que una verdadera oración nacida de las palabras del Señor es muy importante.

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