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¿Qué es la gracia de Dios?

Cuando hablamos de gracia, solemos asociarla con la bendición y el amor de Dios. Sin embargo, en nuestra vida diaria las cosas no siempre van como la seda. A menudo llegan enfermedades o penas a nuestra vida. Es entonces cuando adoptamos una actitud de oposición, resistencia y queja, y pensamos: “¿Acaso Jesucristo no nos concede la gracia? ¿Por qué creyendo en Dios, padecemos aun así esta enfermedad y estas penas?” A veces, para librarnos de ellas, le oramos a Dios y le rogamos encarecidamente que las aleje de nosotros. Cuando las cosas no mejoran, nos volvemos pesimistas y perdemos la esperanza, nos volvemos débiles y regresivos. Pero, ¿sabéis qué? La aparición de enfermedades o penas también es, de hecho, la gracia de Dios.

image: Freepik.com

Entre los muchos personajes de la Biblia, Job es uno de los que nos impresiona por su historia. Job era un hombre justo, él temía a Dios y se apartaba del mal. Recibió muchas bendiciones de Dios: no sólo poseía muchísimos bienes sino que también tenía unos hijos hermosos. Pero siendo ya anciano, Dios le permitió a Satanás que lo atacase. Satanás le quitó todos sus bienes y sus hijos, y más tarde ni siquiera perdonó su cuerpo: cubrió a Job de llagas malignas desde la planta de los pies hasta la cabeza. La mayoría de la gente no lograba entenderlo: ¿Cabía la posibilidad de que Dios hubiera dejado de concederle a Job Su gracia?

Las palabras de Dios dicen: “Durante la obra de Su provisión y sustento continuos del hombre, Dios le comunica a este Su voluntad y todos Sus requisitos, y le muestra Sus hechos, Su carácter, y lo que Él tiene y es. El objetivo es equipar al hombre con una estatura, y permitirle obtener diversas verdades suyas mientras este le sigue, verdades que son las armas que Él proporciona para luchar contra Satanás. Equipado así, el hombre debe afrontar las pruebas de Dios. Él tiene muchos medios y vías para ponerle a prueba, pero cada uno de ellos requiere la ‘cooperación’ del enemigo de Dios: Satanás. Es decir, habiéndole dado las armas con las que luchar contra Satanás, Dios le entrega el hombre a este y le permite ‘probar’ su estatura. Si el hombre puede romper las formaciones de batalla de Satanás, escapar de su cerco y seguir viviendo, habrá superado la prueba. Pero si es incapaz de hacerlo, y se somete a Satanás, no lo habrá conseguido. Cualquiera que sea el aspecto del hombre que Dios examine, el criterio de Su examen consiste en ver si se mantiene o no firme en su testimonio cuando Satanás le ataque, o si abandona o no a Dios, rindiéndose y sometiéndose a él cuando este lo tiene atrapado. Puede decirse que, que el hombre pueda ser o no salvado, depende de que él pueda superar y derrotar a Satanás; y que él pueda ganar o no la libertad, depende de que sea capaz de levantar, por sí mismo, las armas que Dios le ha dado para superar la esclavitud de Satanás, haciendo que este abandone por completo la esperanza y lo deje en paz. Si Satanás pierde la esperanza y renuncia a alguien, quiere decir que nunca más intentará quitarle esa persona a Dios, nunca más la acusará ni interferirá en ella, no la torturará ni atacará más gratuitamente; Dios sólo ganará verdaderamente a alguien así. Este es todo el proceso por el cual Dios gana a las personas”.

Por estas palabras de Dios he descubierto la verdadera razón de por qué Dios le permitió a Satanás afligir a Job. Resulta que el proceso de Dios en el que salva al hombre de la influencia de Satanás, consiste primero en decirle la verdad y luego ponerle a prueba para ver si es capaz de usar esa verdad y resistirse a la tentaciones de Satanás. Si sabemos usar la verdad como arma para vencer las tentaciones de Satanás, entonces eso demostrará que realmente lo hemos logrado gracias a Dios y que Satanás ha sido avergonzado y derrotado por completo. Por el contrario, si no somos capaces de usar nuestra fe y obediencia a Dios para resistirnos a Satanás, entonces Satanás jamás se convencerá. En la Biblia vemos lo siguiente: Antes de que Job fuera sometido a esas pruebas, Dios Jehová alabó a Job llamándole “... Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:8). Pero Satanás lo acusó: “... ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, verás si no te maldice en tu misma cara” (Job 1:9-11). “... ¡Piel por piel! Sí, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Sin embargo, extiende ahora tu mano y toca su hueso y su carne, verás si no te maldice en tu misma cara.” (Job 2:4-5). Pero cuando Job dio testimonio de Dios durante las tentaciones de Satanás, este ya no tuvo nada más que decir.

Las palabras de Dios también dicen: “Dios le había dado, sencillamente, a Satanás la oportunidad de verificar la justicia de Job delante de Él, y de revelar su propia maldad y lo despreciable de su ser. Además, fue una oportunidad para que Job diese testimonio, delante de las personas del mundo, de Satanás y hasta de los que siguen a Dios, de su justicia, de su temor de Dios, y de que se apartaba del mal”. Por estas palabras, podemos ver que el carácter de Dios es justo y Sus acciones son intachables. A pesar de que Dios había visto las obras justas de Job, antes de que este fuese tentado por Satanás, y dicho que: “... Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:8). Satanás aún no estaba convencido. Por ello Dios le permitió a Satanás que atacase a Job: con el propósito de darle a Job la oportunidad de demostrar su rectitud ante Satanás y las personas del mundo, y de demostrar también que la evaluación que Dios hizo de Job era la adecuada e indudable.

Del mismo modo, los sufrimientos y las pruebas que nos son impuestas a nosotros, son una oportunidad para dar testimonio de Dios. Tan sólo aquellas personas que dan testimonio de Dios durante esas pruebas, son las escogidas para disfrutar de bendiciones mayores de Dios. Al igual que Job, que perdió propiedad e hijos, pero que ni se quejó de Dios ni lo malinterpretó. En vez de eso, obedeció Su orquestación, alabó el nombre sagrado de Dios y humilló profundamente a Satanás. Después de que Job mantuviera firme en su testimonio de Dios, Este lo colmó aun de más bienes y de hijos más hermosos. Pero a los ojos de Dios, le dio a Job mucho más que eso: había algo mucho más importante.

Daba la impresión de que era una agonía que Job hubiera perdido todos sus bienes e hijos y que las llagas le cubrieran todo el cuerpo. Y sin embargo, la voluntad de Dios era fortalecer la fe de Job a través de esas pruebas, para que así pudiera obedecer a Dios completamente y no quejarse de Él, sin importar lo que le rodeaba ni si Dios le había bendecido o le había retirado su favor. Durante esos sufrimientos, su corazón estuvo todavía más cerca de Dios, supo entenderle y ser aún más consciente de las buenas intenciones de Dios. Y además, como todos sabemos, tras sufrir todas esas pruebas, Job logró una bendición aún mayor: Dios Jehová le habló desde el interior de un torbellino, dándole así la oportunidad de ver en persona la espalda de Dios. De hecho, Dios es tan santo que nosotros, la humanidad corrompida, no nos merecemos ver Su rostro. Job pudo oír las palabras del Creador con sus propios oídos. Esto fue el honor más grande que se le podía conceder a una criatura, y además, elevó el conocimiento que tenía de Dios. Lo más importante es que después de que Job diese testimonio de Dios durante las distintas tentaciones de Satanás, confiando en su verdadera fe y obediencia a Dios, rompió por completo con las acusaciones e interferencias, ataques y daño de Satanás, convirtiéndose en una persona libre, que adoraba a Dios de corazón.

Así de claro está: la gracia del Señor no sólo son las bendiciones materiales, sino incluso la enfermedad y el sufrimiento son la gracia de Dios. De modo que, no importa con qué tipo de adversidades o penas nos encontremos, deberíamos tener el corazón en su sitio y no escapar ni quejarnos ciegamente. Mientras seamos capaces de obedecer a la verdad y buscarla, lograremos una experiencia más profunda a la hora de conocer a Dios y recibiremos un beneficio mayor en la vida, lo cual abarca todo ese valioso tesoro obtenido a partir de la aparición de la enfermedad y el sufrimiento. Además, seguramente obtendremos más bendiciones de Dios.

(Traducido del original en inglés al español por Eva Trillo)

Scripture quotations taken from LBLA. Copyright by The Lockman Foundation.

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