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Cómo caminar el camino de temer a Dios

Creí en el Señor por muchos años. En el pasado, a menudo oraba y leía la Biblia, me esforzaba por trabajar para el Señor, y sufría y pagaba un precio. Además, fui tolerante y paciente con los demás, y no violé las leyes ni caminé por el camino de mundano. Por lo tanto, pensé que había sido santificado del mundo y que era alguien que reverenciaba a Dios, y que ciertamente obtendría la aprobación y las bendiciones del Señor. Recientemente, leí un libro acerca de la verdad de temer a Dios, y obtuve mucho de ello. A partir de allí reconocí que mi conocimiento de este aspecto de la verdad era muy superficial, y que realmente no entendía la verdad de temer a Dios, y mucho menos tener un corazón temeroso de Dios. Aquí, me gustaría compartir con ustedes tres pasos prácticos para temer a Dios. Espero que después de leerlos todos podamos caminar en el camino de temer a Dios.

1. Debemos tener claro que Dios ve lo más profundo de nuestros corazones y lo observa todo. Ora a Dios con un corazón sincero, deja que te mire y vive delante de Él con un corazón reverencial.

El Señor Jesús dijo: “Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). En los Salmos dice: “¿no se habría dado cuenta Dios de esto? Pues Él conoce los secretos del corazón” (Salmos 44:21). Dios observa lo profundo de nuestros corazones y conoce nuestros pensamientos e ideas como la palma de Su mano. Por lo tanto, debemos aceptar la observación del Espíritu de Dios en todos los asuntos y darle nuestros corazones a Él, dejándole ser el maestro y el que toma las decisiones. Al orar, debemos ser honestos y decir las palabras en nuestro corazón a Dios para tener verdadera comunión con Él. Dios observa las partes más profundas de nuestros corazones; cuando ve que realmente lo queremos y verdaderamente buscamos la verdad, el Espíritu Santo obrará en nosotros, nos iluminará, nos aclarará y nos guiará. Pero si solo hablamos palabras bonitas para captar la simpatía de Dios o hablamos falsedades para engañarlo, definitivamente seremos abandonados por el Espíritu Santo, y aquellos que a menudo engañan a Dios finalmente serán odiados y eliminados por Él. La gente de Nínive y los fariseos son dos ejemplos que podemos usar para comparar. Cuando la gente de Nínive oyó a Jonás predicando las palabras de Dios, se arrepintieron a Dios con cilicio y ceniza; viendo su sincero arrepentimiento, Dios extendió Su misericordia y los libró de la catástrofe. En cuanto a los fariseos, oraban en las esquinas de las calles frente a las multitudes, tratando de hacer que los demás vieran lo devotos y fieles que eran. ¿Pero cuál es el resultado? El Señor Jesús los aborreció y los llamó hipócritas, diciendo: “Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí. Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres»” (Marcos 7:6-7).

Por lo tanto, si queremos alcanzar la reverencia hacia Dios, a menudo debemos comparecer ante Dios y orar con un corazón sincero, dejando que Dios vea nuestros corazones, y nunca engañarle ni ocultarle nada de Él. Solo así podemos alcanzar la alabanza de Dios. Este es el primer principio para lograr la reverencia hacia Dios.

2. Debemos conocer los mandamientos de Dios y buscar la verdad para tener un conocimiento verdadero de la disposición de Dios y producir un corazón de temeroso a Dios.

La Biblia dice: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría; Y la ciencia de los santos es inteligencia” (Proverbios 9:10).* “Él que desprecia la palabra pagará por ello, pero el que teme el mandamiento será recompensado. La enseñanza del sabio es fuente de vida, para apartarse de los lazos de la muerte” (Proverbios 13:13-14). Para tener verdadera reverencia hacia Dios, debemos conocer los mandamientos de Dios y aclarar qué cosas podemos hacer y qué no. Si buscamos la verdad en el proceso de comprender los mandamientos de Dios, tendremos un conocimiento verdadero del carácter de Dios no permite ninguna ofensa, y luego produciremos un corazón que verdaderamente tema a Dios.

Después de que el rey David cometió adulterio, Natán le transmitió las palabras de Dios. Al escucharlos, David sintió remordimiento y se odió a sí mismo, e inmediatamente confesó su pecado ante Dios. Pero debido a que ofendió la disposición de Dios, la espada nunca se apartó de su casa después de eso. Se puede ver que Dios es recto con todos sin sentimiento personal alguno. Entonces, incluso si la persona que ofende la disposición de Dios es alguien que Dios ama y que es usada por Dios, aún será castigada. Sabiendo que nadie puede ofender a la disposición de Dios, David tuvo verdadera reverencia hacia Dios y tuvo un verdadero arrepentimiento. Así, cuando sus sirvientes le trajeron a una niña israelí para mantenerlo caliente cuando ya era anciano, David no se acercó a ella. Por lo tanto, debemos esforzarnos un poco para comprender los mandamientos de Dios. Solo cuando tenemos conocimiento de la disposición justa de Dios que es intolerante a la ofensa del hombre, podemos producir un corazón que teme a Dios. Es el corazón de temer a Dios lo que puede protegernos de hacer el mal y ofender la disposición de Dios.

3. Debemos prestar atención a las intenciones de Dios en todo, orar a Él y buscar Su voluntad con frecuencia, y mostrar consideración a Su voluntad y obedecerle absolutamente.

La Biblia registra: “Bueno es Jehová á los que en él esperan, al alma que le buscare” (Lamentaciones 3:25).* En nuestra vida, a menudo nos encontramos con algunas personas, asuntos y cosas inesperadas, y la obra de Dios generalmente no se ajusta a nuestras concepciones e imaginaciones. En este momento, debemos esperar calladamente ante Dios con un corazón piadoso y prestar atención a buscar y meditar en las intenciones y requisitos de Dios dentro de las personas, eventos y cosas establecidas por Él, esforzándonos por obrar exactamente de acuerdo con la voluntad y las demandas de Dios.

Cuando no entendemos la voluntad de Dios, nunca vamos a llegar a quejarnos con Dios en caso de que pecaremos con nuestra boca y lo ofendamos. Vamos a tomar a Job, con quien estamos familiarizados, por ejemplo. Al enfrentarse a las pruebas de perder sus bienes y sus hijos, además de tener su cuerpo cubierto de llagas, no pecó con los labios ni albergo sospecha, juicio o queja alguna de Dios; en cambio, se rasgó la túnica, se rasuró la cabeza y se postró ante Dios, esperando y buscando la voluntad de Dios. Al final, dijo las palabras que honraron a Dios y alabaron a Dios: “Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21),* dando un decisivo testimonio de Dios delante de Satanás y obteniendo la aprobación de Dios. Sus tres amigos, sin embargo, al conocer su situación, no buscaron la voluntad de Dios ni tuvieron la más mínima reverencia a Dios, sino que arbitrariamente juzgaron a Job según sus propias concepciones e imaginaciones, diciendo que Job debía ofender a Dios y que estaba siendo castigado por Dios. Debido a su ignorancia, obstinación y absurdo, Dios los aborreció.

Dios observa el fondo de nuestros corazones y Su justa y santa posición no tolera las ofensas del hombre. Él nos conoce a todos como la palma de Su mano. Él conoce cada una de nuestras tallas y aún más sabe qué tipo de entorno es beneficioso para progresar en nuestras vidas. Aunque Él permite muchas cosas que no concuerdan con nuestras, Su intención es salvarnos. Debemos buscar las intenciones de Dios en todos los asuntos, abandonar nuestras concepciones e imaginaciones, y abandonar nuestra propia carne para obedecer y satisfacer a Dios. Esta es una manifestación de tener un corazón de temor a Dios. Aquellos que temen a Dios son mucho más devotos y honestos que la gente común. Mientras hacen las cosas, mantienen un perfil bajo y actúan con prudencia, no con arrogancia, por temor a pecar contra Dios. Estas personas pueden vivir delante de Dios en cualquier momento, cercarse a Dios en sus corazones, y con frecuencia obtener la guía de Dios, así como Su cuidado y protección, para que puedan caminar por el camino que Dios les guía.

Creo que, si nos enfocamos en entrenar y practicar de acuerdo con los varios caminos anteriores, podremos andar en el camino de reverenciar a Dios y convertirnos en una persona temerosa de Dios.

Las escrituras marcadas (*) son tomadas de REINA-VALERA ANTIGUA.

(Traducido del original en inglés al español por Angel Leonardo Pérez Hurtado)

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