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El día que viví un gran accidente de tráfico

El Festival de la Primavera es el momento de reuniones familiares y visitas a los parientes y amigos. Estaba en Corea y regresé a mi ciudad natal en China porque se acercaba la celebración del Festival de la Primavera 2017. En la mañana del cuarto día del primer mes lunar abordé un autobús para visitar a otra de mis hermanas desde la casa de mi hermana menor. ¿Quién habría imaginado que se avecinaba un gran accidente de tráfico así silenciosamente?

Casi una hora después de que el autobús salió de la terminal, de repente, sentí un vuelco en el corazón, como si algo terrible estuviera a punto de suceder. Inconscientemente ajuste mi cinturón de seguridad y coloqué mi dos manos en el respaldo del asiento que estaba frente a mí. Como me sentía incómoda e intranquila, entonces empecé a rezarle a Dios: “Oh Dios, presiento que algo pasara y no tengo paz en mi corazón, por favor cuida de mi para que pueda llegar con bien a mi destino”. Me calmé al terminar de rezar. Después me dio sueño, así que cerré los ojos.

De repente sentí que daba vueltas y constantemente escuché los choques acompañado de gritos y quejidos. Quise abrir los ojos para ver qué era lo que estaba pasando, pero no pude. Súbitamente algo salió volando hacia mí y se estrelló en el cristal de uno de mis lentes, los cuales inmediatamente cayeron al piso del autobús. Estaba tan sobresaltada que abrí los ojos de forma brusca y me quedé estupefacta al ver la escena. El autobús era un desastre: todas las ventanas estaban rotas y había fragmentos de vidrio esparcidos por todo el piso. La mayoría de los pasajeros estaban reunidos; algunos salieron volando. Todos intentaban salir del autobús y todo era un caos en el autobús y había sangre por todos lados. La escena era horripilante. Levanté la mirada y vi que un poste que había entrado por la ventana de frente del autobús estaba a 10 centímetros de mí. No pude evitar sentir escalofríos. Inconscientemente miré a la chica que se sentaba a mi lado y vi que su cara sangraba y que estaba muy herida. Quise moverme y noté que estaba sana y salva, por lo que me levanté y les dije a todos: “No se preocupen y ni tengan miedo, el autobús ya se detuvo, salgamos todos en orden”. Después de que salimos del autobús, las personas que tenían heridas leves y yo atendimos a los que estaban seriamente heridos. Algunos estaban cubiertos de sangre, otros no podían moverse. Al ver estas condiciones tan terribles, sentí miedo en mi corazón. Poco tiempo después llegaron las ambulancias. A los heridos los subieron uno por uno a las ambulancias, excepto a mí que estaba ilesa.

Cuando la policía llegó a inspeccionar la escena, lo primero que me preguntaron fue: “¿Cómo sucedió este accidente tan grave? ¿Cuántas personas fallecieron?” Mi respuesta fue: “Nadie”. Enseguida los acompañe a revisar la magnitud del daño del autobús. Al mirar detenidamente, para mi sorpresa, y aunque todas las ventanas de autobús estaban rotas, la ventana de mi asiento fue la única que salió hacia el exterior y no al interior del autobús como las demás ventanas. No sufrí ningún daño. La investigación mostró que cuando el autobús estaba a punto de chocar con un auto blanco, nuestro conductor intentó evitarlo, lo que resultó en que el autobús chocó con una valla de contención, cruzó un tramo de la carretera y derribó un poste y varios árboles. El poste de luz entró al autobús por la ventana del parabrisas y todas las llantas del autobús estaban desinfladas. El autobús no tenía forma. Un policía señaló lo siguiente: “El autobús quedó hecho una chatarra, no se puede reparar”. En ese momento me di cuenta que fue lo que rompió uno de los cristales de mis lentes. Fue un pedazo de vidrio que salió volando hacia mi cuando el poste de luz entró al autobús y ese mismo vidrio fue el que tiró mis lentes al piso. Posteriormente, encontré mis lentes en el autobús, el cristal derecho estaba roto. Tuve la fortuna de que mis ojos no se hubieran lesionado. Escuche al policía decir que: “El autobús sufrió grandes daños, pero nadie murió. Tuvieron mucha suerte”. Tras escuchar esto, me quedé muy claro que fue Dios quien me protegió. Le agradecí en silencio desde el fondo de mi corazón. Un funcionario policial me preguntó: “¿Está usted bien? ¿Se siente mal? ¿Quiere que la lleve en mi auto al hospital para que la revisen?” A lo que yo respondí: “Estoy bien, no tengo nada malo. Se está celebrando el Festival de la Primavera, así que solo quiero ir a casa lo más pronto posible”. Pensaron que estaba tan asustada que no sabía dónde me había lastimado. Tras preguntarme repetidamente, finalmente cayeron en la cuenta que no tenía nada. Me pidieron mis datos personales y me mandaron a casa.

Mientras iba rumbo a la casa de mi hermana, constantemente iba pensando en lo que había ocurrido ese día. Cuando estaba a punto de salir de la casa de mi hermana, ella me dio un par de lentes a prueba de radiación. Por lo regular nunca me pongo lentes ni me gustan, pero ese día mi hermana insistió tanto en que me los pusiera que así lo hice. Tras subirme al autobús, todos los que estábamos a bordo no teníamos puesto el cinturón de seguridad. Después me puse el cinturón de seguridad porque presentí que algo terrible iba a suceder. No podría imaginar el resultado si no me hubiera puesto el cinturón de seguridad. ¿Pero no acaso todos estos pensamientos e ideas provinieron de la guía y el liderazgo de Dios? Pero resulta aún más increíble que todos los vidrios cayeran al interior del autobús, excepto que los de mi ventana cayeran fuera. Lo que es más, la distancia del poste de luz que entró al autobús estaba a un puño de distancia de mí. Si el autobús se hubiera movido un poco más hacia adelante, los resultados hubieran sido terribles de contemplar.

Estas sorprendentes coincidencias me permitieron sentir verdaderamente que solo Dios nos puede proteger de los desastres. Tal y como Dios dijo: “Dios Todopoderoso, el Dios práctico! Eres nuestra fortaleza inexpugnable. Eres nuestro refugio. Nos acurrucamos bajo Tus alas, y la calamidad no puede alcanzarnos. Tal es Tu divina protección y cuidado”. “El corazón y el espíritu del hombre están en la mano de Dios; todo lo que hay en su vida es contemplado por los ojos de Dios. Independientemente de si crees esto o no, todas las cosas, vivas o muertas, cambiarán, se transformarán, se renovarán y desaparecerán, de acuerdo con los pensamientos de Dios. Así es como Dios preside sobre todas las cosas”. Desde mi experiencia, me di cuenta de la realidad de la palabra de Dios. Dios hace las cosas cuando Él habla y, por lo tanto, en Él se puede confiar. En el momento crucial, Dios fue mi refugio y me protegió, de modo que solo yo salí ilesa, mientras todos los demás pasajeros resultaron heridos en diversos grados. ¡Este fue un maravilloso acto del Señor! Realmente me hizo sentir que todos los seres vivos están en las manos de Dios y que mis ideas y pensamientos también están en las manos de Dios. Y ya sean vivos o muertos, es designio de Dios.

Cuando llegué a la casa de mi hermana no pude controlar mi gratitud a Dios y lloré desconsoladamente. La familia estaba sorprendida, no tenían ni la más mínima idea de lo que me había pasado. Lloré y les conté todo lo que viví cuando sucedió el accidente de tráfico, lucían preocupados. Ante ellos testifique la milagrosa protección de Dios. Después, mi hermana también aceptó la obra de Dios en los últimos días.

Tras vivir este accidente, pude sentir la existencia de Dios e incluso Su amor y protección por mí. Recordé que tenía el privilegio de aceptar la obra de Dios en los últimos días tras haberme ido a vivir a Corea. Sin embargo, por mi trabajo requería que usara mi teléfono para trabajar en internet. Cuando la compañía sacaba a la venta nuevos productos, los empleados teníamos que venderlos lo más rápido posible, ya que de lo contrario el negocio de la empresa se vería afectado. Por lo tanto, a menudo fijaba los ojos en el teléfono por temor a perder la mejor oportunidad para vender los productos nuevos. Después, tenía miedo de que si pasaba más tiempo acudiendo a juntas, no podría ganar más dinero. Como resultado, empecé a buscar excusas para no ir a la iglesia. Me llené de remordimientos pensando en lo que hice en el pasado. Dios me creó, me dio la vida y Él creó la tierra y el cielo y todas las cosas para mi sustento, pero yo solo iba tras el dinero y ya no alababa a Dios. Me volví egoísta y mezquina. Odiaba ver que me volví rebelde y que no tenía consciencia. También pensé que aunque yo era demasiado rebelde, Dios nunca me había abandonado, en vez de eso, Él aún me cuidaba y protegía en secreto. El amor de Dios por mí era demasiado. Pensar en esto me hizo sentir que estaba en gran deuda con Dios.

Cuando regresé a Corea, fui lo más rápido que pude a la iglesia para compartir mi experiencia con todos los hermanos. Gracias a mi experiencia, ellos vieron el amor de Dios y sus maravillosas obras. Leímos un pasaje de la palabra de Dios: “En el largo transcurrir de la vida humana, casi todos los individuos se han encontrado en muchas situaciones peligrosas y se han enfrentado a muchas tentaciones. Esto se debe a que Satanás está a tu lado, con sus ojos constantemente fijos en ti. Cuando la catástrofe te golpea, Satanás se deleita en ello; cuando las calamidades caen sobre ti, cuando nada te va bien, cuando te enredas en su telaraña, Satanás disfruta mucho de tales cosas. En cuanto a lo que Dios está haciendo, Él está protegiéndote a cada momento que pasa, alejándote de una desgracia tras otra y de un desastre tras otro. Por esto afirmo que todo lo que el hombre tiene —paz, gozo, bendiciones y seguridad personal— está, en realidad, bajo el control de Dios; Él guía y decide el destino de cada individuo”. Al terminar de leer la palabra de Dios, mi corazón estaba lleno de gratitud a Dios. Pensé lo siguiente: desde que era joven, viví muchos desastres, pero Dios, una y otra vez me protegió de todos ellos maravillosamente. Sin embargo, dado que no reconocía a Dios, no sabía cómo agradecer a Dios por Su gracia. Ahora, finalmente me di cuenta que, de hecho, Dios garantizó mi seguridad en cada paso, de modo tal que Satanás ni me dañó ni me devoró y que tenía la buena fortuna de ir ante Dios y aceptar Su salvación. Pero no pude notar la gran oportunidad de reconocer a Dios y ver la verdad, en vez de esto, solo me preocupaba mi propio pellejo, codiciaba el dinero y solo buscaba el disfrute material. Al final me distancié más y más de Dios. No obstante, Dios no podía soportar verme vivir bajo el perjuicio de Satanás, por lo tanto, cada que me sucedía un desastre, Él me cuidaba y protegía a mi lado. Descubrí que solo Dios se hace responsable de mi vida.

A partir de este accidente, también vi que la gente es muy frágil y que no resiste un simple golpe de los desastres y que tampoco tiene la habilidad de resistir los desastres en lo absoluto. Sin el cuidado y protección de Dios, seríamos devorados por Satanás en cualquier momento. Mientras tanto, tuve un despertar y comprendí que no importaba cuánto dinero tuviera, ya que ¿de qué serviría cuando enfrentara a la muerte? Lo más importante es ir tras la verdad y la vida, tal y como lo dijo nuestro Señor Jesucristo: “Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? Pues ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?” (Marcos 8:36-37). En ese momento me di cuenta que Dios no soportaba ver que lo abandonara y viviera bajo el perjuicio de Satanás puesto que yo iba tras el dinero, así que Él utilizó el accidente para hacer que despertara y salvarme.

A partir de entonces, con frecuencia acudía a las juntas y cumplía con mis deberes en la iglesia. Ya no dejaba pasar ninguna oportunidad para entender la verdad y obtener vida por querer ganar dinero y ni tampoco traté de creer en Dios como algo que hacer en mi tiempo libre. En el pasado fijaba mi atención en el teléfono todo el día y por esta razón no podía calmar mi corazón ante la presencia de Dios. Ahora Cuando estuviera en la iglesia, conscientemente me olvidaría de lo material y ya no miraría el teléfono, en vez de esto, primero calmaría mi corazón para asistir a las juntas y cumplir con mis obligaciones y dejar las cosas de mi trabajo para después. Recuerdo que una vez cuando mi compañía sacó a la venta nuevos productos y tenía que venderlos en dos minutos. Estaba en una junta y recibí una llamada de uno de los empleados. Sabía que ella me llamaba para recordarme que había que vender los productos. Me rehusé a contestar la llamada para no resultar afectada. Al hacerlo de esta manera todo en mi trabajo iba bien gracias a Dios y nadie salía afectado. En el pasado, mientras mis asuntos entraban en conflicto con las reuniones, prefería dejar de lado las reuniones y primero atender mis asuntos, hoy en día sé que es lo más importante y que lo es más valioso que debo perseguir en la vida. Ahora busco cumplir con mis deberes dando lo mejor de mí y vivir para encontrar la verdad y satisfacer a Dios. Todo esto es mi rumbo y mis objetivos en la vida. Gracias a Dios por Su protección y salvación. ¡Alabado sea Dios!

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com

(Traducido del original en inglés al español por Miguel De La Ferrelle)

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