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Un rescate maravilloso de un pozo profundo

Soy cristiana, y cumpliré setenta y cinco años este año. En una situación peligrosa como es caer en un pozo, fue la maravillosa salvación de Dios lo que me permitió experimentar que Él está a mi lado, protegiéndome y cuidándome. Y ahora, cuando reflexiono sobre esta experiencia, la siento muy vívida.

Eran las 5 p.m. en el noveno día del octavo mes lunar de 2014, llevé a las ovejas a los campos. Después de haber sido expropiado por el gobierno, los campos estaban llenos de hierba. Los pozos en los campos también estaban cubiertos de hierba. Cuando estaba caminando, accidentalmente caí en un pozo que tenía cincuenta metros de profundidad, dos pies y seis pulgadas de ancho. En ese momento, sentí que mi cuerpo caía lentamente, como si alguien estuviera sosteniendo mi cuerpo. Luego me sumergí en el agua. Pero, sorprendentemente comencé a flotar lentamente, y el agua solo llegaba a mi cintura. Cuando volví en mí, descubrí que estaba sentada en algo. Le agradecí a Dios desde el fondo de mi corazón por Su protección. No tenía idea de en qué estaba sentada, así que lo toqué con las manos y me pareció peludo. (Más tarde, supe que era el perro de una hermana que había caído en el pozo hace más de veinte días). En ese momento, estaba muy tranquila, porque un pensamiento claro vino a mi mente: ¡Dios ciertamente me salvará! Y luego levanté la cabeza para gritar: ¡Ayuda! ¡Ayuda! ... Después de varios gritos, no escuché ninguna respuesta afuera. Entonces oré a Dios: “¡Oh Dios! Caí en el pozo. Sólo Tú puedes salvarme. Estoy dispuesto a poner mi vida en tus manos...” Mientras oraba, escuché a alguien hablando, así que volví a gritar: ¡Ayuda! ¡Ayuda!... En ese momento, un transeúnte que vivía al este de nuestra aldea escuchó mis gritos y se acercó al pozo. Después de verme ahí, llamó a varias personas que estaban pastoreando ovejas para pedir ayuda. Me vieron sentada sobre algo en el pozo, así que trataron de sacarme del pozo con un látigo de pastor. Miré hacia arriba pero no pude verlo, así que trajeron un trozo de cuerda de casa. En ese momento, casualmente mi vecino paseaba por los campos. Tan pronto como llegó al lado este, escuchó que alguien había caído en el pozo. Entonces, corrió para unirse a ellos y salvarme. Bajaron la cuerda al pozo, me pidieron que me pasara la cuerda por la cintura y luego me sacaron del pozo. Mi cuerpo no fue herido en absoluto, y realmente agradecí la salvación de Dios.

Corrí a casa para cambiarme de ropa. Sin embargo, antes de terminar de cambiarme, el cielo se nubló y un momento después, comenzó a llover fuertemente. En ese momento, me di cuenta de que todo aquello estaba bajo la soberanía y los arreglos de Dios: de no ser por el transeúnte, nadie me hubiera escuchado sin importar lo fuerte que gritase, pues las personas que pastoreaban sus ovejas estaban lejos de mí. Y de ser así, me habría ahogado o mojado con la lluvia y enfermado. Más aún, estaba oscureciendo. Si hubiese tenido que quedarme en el pozo por una noche, seguramente moría. Vi que era la obra milagrosa de Dios, y más que eso, pude ver Su amor y salvación para mí. Inconscientemente eso me conmovió hasta las lágrimas, así que me arrodillé ante Dios y le ofrecí mi agradecimiento y alabanza.

Más tarde, mi hijo y mi nuera escucharon las noticias y vinieron a verme. Teniendo en cuenta que tenía más de setenta años, me aconsejaron que fuera al hospital para un examen. Pero yo sabía que estaba bien, así que les dije: “No importa. No me lastimé, Dios me está cuidando y protegiendo”. Después de confirmar que estaba bien, se sintieron cómodos y dijeron alegremente que era el Dios en quien yo creía quién me había protegido. Después de que se fueron, me acosté en la cama y pensé en los acontecimientos que habían sucedido. Si no hubiera sido porque Dios me salvó a través del perro, podría haber perdido la vida. Yo, una anciana de setenta y cinco años, caí en un pozo y no podía nadar, pero logré salir del agua y exactamente sentarme sobre el cadáver del perro. ¡Un milagro! Además, Dios también arregló que varias personas estuvieran presentes para salvarme del pozo. Y no mucho después de que me salvaron, comenzó a llover. Justo en ese momento, me di cuenta de que estas cosas eran todo el cuidado y la protección de Dios para mí. Si no hubiera sido por esas orquestaciones y arreglos milagrosos de Dios, me habría hundido en el agua y me habría ahogado. ¡Gracias a la salvación milagrosa de Dios! ¡Toda la gloria a Dios!

En este momento, pensé en las palabras de Dios: “A medida que las personas crecen, la mirada de Satanás está fija en cada una de ellas, como el tigre que observa detenidamente a su presa. Sin embargo, al hacer Su obra, Dios nunca ha estado sujeto a ninguna limitación procedente de personas, sucesos o cosas, de espacio ni de tiempo; hace lo que debería y lo que debe. En el proceso de maduración, tal vez te encuentres con muchas cosas que no te gustan, como enfermedades y frustración. Sin embargo, al caminar por esta senda, tu vida y tu futuro están estrictamente bajo el cuidado de Dios. Él te proporciona una garantía genuina que te durará toda la vida, porque está justo a tu lado, protegiéndote y cuidándote. [...] Dios no se ha apartado de tu lado nunca, ni un solo paso” (“Dios mismo, el único VI”). Cuando leí este pasaje de las palabras de Dios anteriormente, no tenía mucho conocimiento real sobre esto. Sólo a través de esta experiencia fue que sentí que Dios está a mi lado, y Dios está realmente cuidando y protegiendo a cada persona. A través de esta experiencia, obtuve más conocimiento de la omnipotencia y soberanía de Dios. ¡Gracias a Dios! A partir de ahora, ciertamente seguiré la verdad por completo y cumpliré con mi deber para satisfacer a Dios.

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(Traducido del original en inglés al español por Silvia Casas Bustamante)

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