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¿Qué advertencia nos trae la destrucción de Sodoma?

Revisando la historia y buscando la voluntad de Dios

La Biblia registra: “Entonces llovió Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; Y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra” (Génesis 19:24-25). Después de leer estos versículos, sentimos la majestad y la ira de Dios, y el carácter de Dios no permite ofender, y que la maldad y los pecados de Sodoma son innobles. Dicha banda de personas desesperadas que se atrevieron a oponerse flagrantemente a Dios y gritaban salvajemente, y dicha ciudad habitada por multitudes asquerosas y lascivas de demonios, ¿por supuesto se merecen sufrir la retribución justa de Dios? Sólo pueden culparse a sí mismos. Sin embargo, detrás de la ira de Dios, la cual está, tras el hecho de que Sodoma esta ciudad próspera fue instantáneamente quemada a cenizas, ¿todavía existe alguna verdad que podamos buscar y explorar? ¿Existe la voluntad y demandas de Dios para nosotros que debamos entender y saber? Revisemos esa historia grabada en la Biblia.

Dios desprecia al malvado y cuida del justo.

Primero, todos sabemos que Abraham le imploró a Dios por Sodoma. Muchos extractos de la Biblia son como este: “Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré á todo este lugar por amor de ellos. […] Y volvió á hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor de los cuarenta. Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta. Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar á mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor de los veinte. Y volvió á decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor de los diez” (Génesis 18:26, 29-32)*.

De las conversaciones anteriores entre Dios y Abraham, podemos ver: No sólo estas conversaciones revelaron el carácter justo de Dios, sino que además revelaron Su estupenda misericordia y tolerancia por la humanidad. Aunque Dios destruyó Sodoma porque las acciones malvadas de su pueblo han ido ante Dios, aunque Dios no la destruiría por amor de cincuenta personas justas o incluso por amor de diez. Por este medio, la tolerancia y misericordia extrema de Dios fueron ampliamente demostradas a nosotros. Sin embargo, la cosa que rompe corazones fue que no hubieron ni diez personas justas en tal gran ciudad. Los pecados de la ciudad proliferaban que Dios tuvo que destruirla.

¿Qué clase de ciudad en la tierra era Sodoma? Vi las mismas palabras en un libro: “Desde una perspectiva humana, Sodoma era una ciudad que podía satisfacer plenamente el deseo y la maldad del hombre. Seductora y cautivadora, con música y danza noche tras noche, su prosperidad empujó a los hombres a la fascinación y la locura. Su maldad corroía los corazones de las personas y las hechizaba hasta la depravación. Era una ciudad en la que los espíritus inmundos y malignos corrían desbocados; rebosaba de pecado y asesinatos y el aire era denso, lleno de un hedor sangriento y pútrido. Era una ciudad que helaba la sangre de las personas, una ciudad de la que uno se alejaría horrorizado” (“Dios mismo, el único II”). De estas palabras, podemos ver que: Sodoma es una ciudad extremadamente malvada. Las personas allí estaban fascinadas por su prosperidad. Hombres y mujeres, viejos y jóvenes, todos vivían en el pecado, sin moralidad ni humanidad. Y toda la ciudad presentaba un escenario de festejo y celebración, con canto y baile noche tras noche. Las personas en Sodoma, conducidas por deseos malvados, vivían una vida extravagante y no podían liberarse ellos mismos de eso. Ninguno de ellos veía la verdad o anhelaba la luz, mucho menos tenía la voluntad de salir del barrial malvado. Esta ciudad estaba repleta de sangre y asesinato, con espíritus impuros y malvados perdiendo el control. La destrucción de dicha ciudad fue una mejor manifestación de la justicia y santidad de Dios.

Por supuesto, todos sabemos que allí estaba una persona, Lot, en la ciudad. Dios no lo abandonó, pero dispuso de mensajeros para salvarlo. A partir de esto, podemos ver que cuando Dios hace algo tiene un principio, y Él nunca lo hace al azar. Cuando Dios está profundamente molesto y aborrece al malvado, aún no olvida cuidar de estas personas que escuchan sus palabras y le obedecen. Incluso si existe sólo una persona así, Dios aún tendrá misericordia de él. Esto es suficiente para mostrar que la justicia y misericordia de Dios son inseparable. Dios castiga al malvado mientras da lo mejor para salvar a todas y cada una de las personas que puedan ser salvadas.

El enemigo de Dios eventualmente será destruido.

Está registrado en la Biblia, “Aún no se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, los hombres de Sodoma, rodearon la casa, tanto jóvenes como viejos, todo el pueblo sin excepción. Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los hombres que vinieron a ti esta noche? Sácalos para que los conozcamos. Entonces Lot salió a ellos a la entrada, y cerró la puerta tras sí, y dijo: Hermanos míos, os ruego que no obréis perversamente. He aquí ahora tengo dos hijas que no han conocido varón; permitidme sacarlas a vosotros y haced con ellas como mejor os parezca; pero no hagáis nada a estos hombres, pues se han amparado bajo mi techo. Mas ellos dijeron: ¡Hazte a un lado! Y dijeron además: Este vino como extranjero, y ya está actuando como juez; ahora te trataremos a ti peor que a ellos. Y acometieron contra Lot y estaban a punto de romper la puerta,” (Génesis 19:4-9).

De estos versículos, podemos ver que: Las personas de todas partes de Sodoma, tanto viejos y jóvenes, se reunían alrededor de la casa. Al ver a los dos mensajeros, las personas en Sodoma ni les preguntaron por qué estaban allí ni tampoco si venían a transmitir la voluntad de Dios. En cambio, acosaron a los dos mensajeros sin ninguna explicación e intentaron lastimarlos desvergonzadamente. Aunque no conocían a los dos mensajeros, y aunque Lot les rogó lastimosamente e intentó darles a sus dos hijas a cambio, ellos aún no dejaban en paz a los dos mensajeros. La Biblia sólo registró un caso como tal, pero exponía completamente la verdadera naturaleza viciosa de las personas en Sodoma. Consideraban a todos y a todo bajo su aviso, se descontrolaban; se satisfacían al devorar y lastimar a las personas, incluso fuesen sirvientes de Dios. Se puede ver que su naturaleza esencial era: ¿No eran una banda de malvados que se especializaban en ser el enemigo de Dios?

Dios dice: “Esta humanidad se había vuelto corrupta hasta el extremo. Esta gente no conocía a Dios ni de dónde provenían ellos mismos. Si les mencionabas a Dios, te atacaban, difamaban y blasfemaban. Incluso cuando los siervos de Dios habían venido a difundir Su advertencia, estas personas corruptas no solo no mostraron signos de arrepentimiento y no abandonaron su conducta malvada, sino, al contrario, hicieron daño descaradamente a los siervos de Dios. Lo que expresaron y revelaron fue su esencia-naturaleza a de extrema hostilidad hacia Dios. Se puede ver que la resistencia contra Dios de estas personas corruptas era más que una revelación de su carácter corrupto, del mismo modo que era más que un ejemplo de difamación o burla que simplemente brotaba de una falta de entendimiento de la verdad. Ni la estupidez ni la ignorancia causaron su conducta malvada; estas personas actuaban de este modo no porque hubiesen sido engañadas, y sin duda no fue porque hubiesen sido confundidas. Su conducta había alcanzado el nivel del antagonismo flagrantemente descarado, la oposición y el clamor contra Dios. Sin duda, este tipo de conducta humana enfurecería a Dios, y enfurecería Su carácter —un carácter que no debe ser ofendido—. Por tanto, Dios desató directa y abiertamente Su ira y Su majestad; esta fue una verdadera revelación de Su carácter justo”.

Fue precisamente porque las personas de Sodoma estaban supremamente corrompidas que a ojos de Dios, toda la ciudad de Sodoma merecía ser maldecida, detestada e incluso destruída por Dios. Ignoraron la existencia de Dios, apartaban la mirada sobre la ira de Dios; no temían del castigo de Dios, y además, no aceptaron las advertencias de Dios; sólo se resistían ciegamente a Dios. ¿Entonces cómo sus acciones malvadas no podrían provocar la ira de Dios? Dios nos ha dicho: “el fuego enviado desde el cielo no solo destruyó toda la ciudad de Sodoma, no solo destruyó a las personas tan llenas de pecado en su interior, ni tampoco destruyó solamente todas las cosas que en ella fueron manchadas por el pecado; más allá de estas cosas, el fuego también destruyó los recuerdos de la maldad y la resistencia de la humanidad contra Dios. Este fue el propósito de Dios al quemar la ciudad”.

La historia de Sodoma sirve como una advertencia a las personas de los últimos días

Comparado con Sodoma, este mundo deslumbrante en el que vivimos hoy día realmente nos da mala espina. El grado de su maldad, podemos incluso decir, no es más bajo que el de Sodoma. Sin embargo, ¿cuántas personas justas están como Lot que podía negarse a sí mismo para proteger a los ángeles? ¿Deberíamos cuidar nuestros pasos y prestar atención a la voluntad de Dios?

Ahora, los últimos días han llegado, y ¿cómo Dios nos salva de este mundo asqueroso y nos hará vivir en las bendiciones de Dios? El Apocalipsis 3:20 dijo: “‘He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. Y Apocalipsis 22:6-7 dijo: “Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas; y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, envió a su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que pronto han de suceder. He aquí, yo vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro”. De estos versículos, podemos ver que: Cuando Dios venga en los últimos días, Él hablará, y buscará a aquellos que puedan escuchar Su voz, aceptarán Su declaración y asistirán al banquete del reino de los cielos con Él. Así que, cuando escuchamos a los mensajeros de Dios transmitir la voluntad de Dios, ¿qué actitud deberíamos tomar? El Señor Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos. ... Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios” (Mateo 5:3, 8). Sea que seamos vírgenes sabios o tontos, depende de nuestra elección.

Las escrituras marcadas (*) son tomadas de REINA-VALERA ANTIGUA.

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