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Evangelio de hoy martes 28 de agosto de 2018 | Levítico 11:45

Versículo de la Biblia sobre Evangelio de Hoy

Seréis, pues, santos porque yo soy santo.

Dios es santo, así que Él requiere que seamos santos. Este es el criterio para entrar en el reino de Dios. Desde que fuimos tentados y corrompidos por Satanás, hemos vivido en pecado y nos hemos vuelto cada vez más corruptos. Aunque hemos sido redimidos por el Señor Jesús y perdonados de nuestros pecados y Dios no recuerda nuestros pecados, no hemos desechado nuestra naturaleza pecaminosa que está profundamente arraigada dentro de nosotros mismos. Por lo tanto, vivimos en un ciclo de pecado y arrepentimiento, y no podemos liberarnos de las ataduras y el control del pecado. Dios está en poder en Su reino. Él no permitirá que los impuros o corruptos entren a Su reino. No tenemos capacidad para deshacernos de la suciedad y la corrupción. Sólo Dios, el Creador, es capaz de salvar a la humanidad y liberarnos de Satanás y del pecado. Sólo Él puede salvarnos del dominio de Satanás. Si queremos liberarnos de la atadura del pecado y ser limpiados, debemos aceptar la salvación de Dios y practicar de acuerdo a Sus palabras.

Dios dice: “Al ser santa la esencia de Dios, esto significa que solo por medio de Dios puedes recorrer la senda justa de la luz; solo por medio de Dios puedes conocer el significado de la vida, solo por medio de Dios puedes vivir la humanidad real y tanto poseer como conocer la verdad. Solo por medio de Dios puedes obtener vida de la verdad. Solo Dios mismo puede ayudarte a apartarte del mal y librarte del daño y del control de Satanás. Aparte de Dios, nada ni nadie puede salvarte del mar de sufrimiento para que dejes de sufrir. Esto queda determinado por la esencia de Dios. Solo Dios mismo te salva tan desinteresadamente; solo Él es responsable en última instancia por tu futuro, tu destino y tu vida, y Él lo dispone todo para ti. Esto es algo que nada creado o no creado puede conseguir. Como nada creado o no creado posee una esencia igual a la esencia de Dios, ninguna persona o cosa tiene la capacidad de salvarte o dirigirte. Esta es la importancia de la esencia de Dios para el hombre” (“Dios mismo, el único VI”).

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